¡Descansen en paz!


Las personas que rebasan los 70 años de edad cuando leemos la prensa escrita, en la mañana o en la tarde, una de las secciones que más cuidado y atención nos merece son las esquelas; por ellas nos enteramos de quiénes de nuestros contemporáneos, conocidos y amigos han pasado a la otra vida y descansan en paz.

Juan Francisco Reyes López
jfrlguate@yahoo.com

El nacer, el vivir y el morir son tres hechos que todo ser humano experimenta. ¿Cuánto tiempo dura la vida? Sólo Dios lo puede determinar. Estimo que quienes sobrepasamos los 65 años o más, en la mayorí­a de los casos, agradecemos al Creador la oportunidad que tuvimos de vivir, de hacer, con aciertos y desaciertos, la vida que nos otorgó, porque mal harí­amos en pretender vivir indefinidamente. Estar dispuestos, estar listos para partir es algo que de los 65 años en adelante debe ser una meta, una tarea en la que no podemos dejar de prepararnos.

Los médicos suelen decirnos que es muy importante la calidad de vida que tengamos, especialmente en la tercera edad; por ello, debemos hacer ejercicio, no comer en exceso y por supuesto hacerlo balanceada y saludablemente. En otras palabras, de los 65 en adelante debemos dejar de disfrutar de los alimentos que normalmente nos gustan más porque como dicen, en broma o en serio, engordan o hacen daño o las dos cosas. Es decir, debemos limitar nuestra ingesta a pequeñas cantidades cocidas, sin grasa y casi sin gusto.

En las sociedades como la guatemalteca, el adulto mayor no tiene un espacio previsto a diferencia del recién nacido, del niño y del adolescente, por quienes todos nos preocupamos y tratamos que invierta y utilice su tiempo de la mejor manera posible, educándose, ejercitándose, divirtiéndose y resguardándolo.

El adulto de los 20 a los 65 años tiene su carrera, su oficio, su quehacer donde se desarrolla y satisface, normalmente cuenta con salud, con energí­a, con adecuados recursos y por supuesto con su pareja, sea esta su novia, su esposa o compañera. Por tanto, tiene su casa, su hogar con hijos o sin ellos pero sin duda alguna cuenta con su mundo, con su esfera, con su hábitat.

En la tercera edad algunos tienen la dicha de estar en pareja, otros arrimaditos a uno de sus hijos o si no es ese el caso, tienen que aprender a vivir en soledad. No son muchos los que logran mantener la disciplina, el balance del quehacer, posiblemente reducido en cuanto a horas efectivas de trabajo y ello es lo que hace que se enfermen menos o que demanden menos atención de una sociedad que está establecida para el niño, para el adolescente y para el adulto de menos de 65 años, en la mayorí­a de los casos.

Nos agrade o no, el mundo con sus avances prolonga cada vez la vida y por ello los conflictos, las crisis que estamos viendo en España, Francia, Europa y en Estados Unidos, donde la prolongación de la vida del ser humano está poniendo en entredicho la economí­a y la capacidad de la seguridad social.

En este próximo Dí­a de Muertos y de Todos los Santos y difuntos, invito a quienes me dispensan su atención a mirar a su alrededor y si les es posible, a pensar en sus mayores, a tomarlos en cuenta, a pedirle a la sociedad que se prepare para que antes que todos ellos partan, encontremos la manera de apoyarles, ayudarles y acompañarles para que en la presente vida también estén en paz.