Desafí­os de la socialdemocracia (*)


Placa conmemorativa del lugar de la muerte de Alberto Fuentes Mohr.

El presidente del Comité de la Internacional Socialista para América Latina y el Caribe, Rolando Araya Monge, fue uno de los expositores en el foro público «Alberto Fuentes Mohr, 29 años después», celebrando en esta fecha, en el Paraninfo de la Universidad de San Carlos, con motivo de un aniversario más de su trágica muerte, durante el gobierno militar de Romeo Lucas Garcí­a.

Ernesto Sitamul, colaborador

Ante unas 200 personas, Araya Monge expuso sus ideas en torno de los retos de la socialdemocracia en el mundo actual, con puntualizaciones respecto a Guatemala, sin que ello signifique receta alguna. Comenzó por saludar efusivamente a la familia del desaparecido lí­der polí­tico, así­ como a los fundadores del Partido Socialista Democrático.

Yo conocí­ a Alberto aquí­, en 1976, cuando vine acompañado del representante de la Fundación Friedrich Ebert. Nos reunimos en él para considerar la posibilidad de hacer un solo frente con el FUR y el Partido Revolucionario Auténtico. También estuvimos juntos en Bonn, con Willy Brandt, quien fue Canciller de Alemania, en una reunión de diálogo Norte-Sur. Hablamos del peligro que corrí­an Fuentes Mohr y Colom Argueta, de que ambos fueran asesinados en Guatemala, debido a la represión polí­tica del gobierno militar en aquella época, en contra de los dirigentes de oposición. Para entonces, Alberto ya era amigo de otros lí­deres mundiales como Olof Palme, Bruno Kreisky, Francois Miterrand, Mario Suárez, Lionel Jospin, y empezaba hacer sus primeras armas, Felipe González, en España.

Ese mismo año se celebra en Ginebra, una reunión de la Internacional Socialista, que toma la gran decisión de abrirse a Latinoamérica, con el ingreso de organizaciones como el Partido Liberación Nacional, de Costa Rica; Acción Dominicana, y Partido Radical, de Chile, y como miembro consultivo el APRA, de Perú.

Aquella era la época en que la Internacional miraba hacia el tercer mundo. La época del diálogo Norte-Sur. Era cuando ser socialdemócrata significaba no solo tener algunas ideas del Estado benefactor y de la polí­tica económica, para favorecer a los trabajadores, sino mucha más inspiración universal , que en la actualidad, en que nos encontramos dominados por la globalización. Era una Internacional atenta a lo que ocurrí­a en el mundo, en una lucha por lograr que el bienestar de los pueblos pobres y la liberación de los trabajadores, no solo fuera un asunto de los paí­ses más ricos. Pensaba en aquella sentencia que dice que cuando los pobres no comen, los ricos no duermen. Y en la actualidad se proclama la nueva utopí­a, de que la tecnologí­a va a hacer lo que la polí­tica no logró hacer: resolver el problema de la pobreza y la mala distribución del ingreso.

Han pasado ya 30 años, cuando hablábamos de esto con Alberto Fuentes Mohr, en La Catalina, Costa Rica, donde nos veí­amos con frecuencia, en seminarios. Combinábamos nosotros el pensamiento de los lí­deres europeos con una figura a la que todaví­a no se le ha hecho un justo reconocimiento: Ví­ctor Raúl Haya de la Torre, quien aportó fundamentos sumamente valiosos para construir un planteamiento autóctono latinoamericano, que respondiera a los valores de la socialdemocracia, pero que se ajustara a la naturaleza de nuestros pueblos.

En la actualidad, yo siento que la Internacional y nuestros amigos en Europa cayeron como muchos en la tentación de la globalización, sucumbieron ante las tesis novedosas del mercado. Ciertamente no han caí­do en respaldar la barbarie del fundamentalismo de mercado, pero sí­ aceptaron unas cuantas tesis que años atrás no eran bien vistas ni siquiera por lí­deres conservadores de Estados Unidos. En una reunión del Consejo Mundial de la Internacional Socialista, hace seis años en Marruecos, expuse que ya sin el pensamiento del gran economista inglés, que revolucionó el mundo, por sus ideas durante la crisis de los años 30, la Internacional y el socialismo se habí­an quedado sin una teorí­a económica propia.