Derriban a satélite espí­a a la deriva


Imagen del lanzamiento del satélite espí­a, ocurrido el 17 de noviembre de 2005, y que ayer tuvo que ser destruido, pues nunca entró en su órbita correcta y hací­a peligrar con estrellarse y contaminar más el planeta.

Un misil lanzado desde un buque de guerra estadounidense interceptó con éxito un antiguo satélite espí­a norteamericano a la deriva, para evitar, según el gobierno, que cayera en la Tierra con el tanque lleno de un combustible altamente tóxico.


«Aproximadamente a las 21:06 de ayer (hora de Guatemala), el «USS Lake Erie», un buque de guerra de la clase Aegis, disparó un misil táctico SM-3 que impactó contra el satélite a unos 247 km de altitud sobre el Océano Pací­fico cuando se desplazaba por el espacio a más de 11.265 km/h», anunció el Pentágono en un comunicado.

El satélite espí­a, del tamaño de un ómnibus, estaba a la deriva y su tanque contení­a hidracina, un combustible para los motores de los satélites altamente tóxico.

Portavoces militares dijeron que el misil redujo el sátelite a piezas del tamaño de un balón, aunque el Pentágono dice no estar 100 por ciento seguro de haber destruido el tanque de combustible.

«Hasta ahora no hemos visto nada más grande que un balón de fútbol», declaró el jefe adjunto del estado mayor conjunto estadounidense, general James Cartwright, durante una conferencia de prensa.

Hay «un alto grado de certeza de que golpeamos el tanque» de combustible del satélite, que era el objetivo establecido, pero «aún no podemos afirmarlo de manera cierta», precisó.

El gobierno estadounidense habí­a afirmado que el misil fue lanzado para derribar al satélite espí­a, ya que existí­a el peligro de que cayera sobre la Tierra y diseminara la hidracina, un quí­mico que puede atacar el sistema nervioso central y ser mortal en fuertes dosis.

El gobierno de George W. Bush advirtió que sin esta intervención, el satélite averiado hubiera llegado a la atmósfera terrestre el 6 de marzo y se habrí­a estrellado en un punto impredecible.

Algunos paí­ses, como Rusia y China, mostraron su preocupación por esta operación, que consideraron un ensayo antimisiles.

«China pide a Estados Unidos que respete seriamente sus obligaciones internacionales y proporcione rápidamente a la comunidad internacional la información necesaria para que los paí­ses afectados puedan tomar sus precauciones», declaró el portavoz del ministerio de Relaciones Exteriores, Liu Jianchao.

«China sigue de cerca los posibles perjuicios para la seguridad en el espacio y para los paí­ses afectados, causados por la acción estadounidense», agregó.

Washington negó buscar encubrir secretos tecnológicos o estar haciendo una demostración de poder, rechazando cualquier paralelismo con China que usó sus misiles para derribar un viejo satélite meteorológico en enero de 2007.

Según el portavoz del departamento de Estado Sean McCormack, la misión china «fue especí­ficamente diseñada como una prueba contra el satélite, (para probar) la habilidad para destruir el satélite», mientras que la misión estadounidense es «un intento para tratar de proteger a la población en tierra».

Una semana atrás, el presidente George W. Bush «ordenó al departamento de Defensa proceder a la interceptación» del satélite mediante un misil mar-aire, para asegurarse de que los restos caigan al agua evitando poner en peligro a la población.

La operación para destruir el satélite fue evaluada en un costo de entre 40 y 60 millones de dólares y se apoyó en misiles SM-3, cuyo software fue modificado para «reconocer al satélite».

Según fuentes militares, el satélite, conocido como «L-21», fue puesto en órbita desde la base Vandenberg de la Fuerza Aérea en 2006.

El plazo para destruir el satélite con un misil comenzaba ayer y se extendí­a hasta el 29 de febrero, dijo el responsable militar estadounidense.

El Pentágono decidió esperar para llevar a cabo su operación a que el transbordador Atlantis aterrizara ayer en Florida, después de una misión de casi dos semanas en el espacio.

El Atlantis aterrizó ayer a las ocho de la mañan (hora de Guatemala).

El secretario de Defensa, Robert Gates, es quien tení­a la facultad para ordenar el disparo.