Mis queridos amigos y parientes de la derecha me han hecho el favor de incluirme en sus listas de envío por correo electrónico. Recibo entonces mensajes que considero la antesala de la campaña electoral del año entrante. Agradezco tales envíos porque me resultan útiles para mi trabajo de sociólogo y ahora, me dan material para mis colaboraciones en La Hora. Los envíos incluyen desde referencias chuscas a Sandra Torres, el lamentarse cómo habiendo una galaxia, nueve planetas, cinco continentes, 204 países y 809 islas, el hijo de tantas por tantas de ílvaro Colom haya nacido en Guatemala. Incluyen también las fábulas de la hormiga y la cigarra y la gallinita y el pan. En la primera, la cigarra no se muere de frío como merecía hacerlo por haragana, sino se acoge al programa de Cohesión Social que se sustenta en los impuestos que pagan las hormigas, las cuales optan por irse del país. En la segunda la gallinita pide infructuosamente ayuda a los demás animales de la granja para hacer el pan, y cuando finalmente lo hace ella sola, los demás animales protestan por no compartir el fruto de su trabajo. Con la ayuda del gobierno a la gallinita finalmente se lo quitan. El resultado es que ésta nunca vuelve a hacer pan… La moraleja de las fábulas es la siguiente: «A la gente no se le ayuda dándole de comer gratis, repartiendo tarjetas para comprar comida. Se le ayuda enseñándole a pescar y no regalándoles un pescado».
Otro de tales envíos relata la historia de alguien que hizo un comedero de pájaros en el porche de su casa y al tiempo el lugar estaba infestado de aves que comían, exigían y encima defecaban en el lugar. Moraleja: si usted no quiere terminar limpiando excremento y alimentando parásitos es mejor que no ponga comederos para aves. Termino esta reseña de planteamientos de la derecha sobre el programa de Cohesión Social con una cita de un tal Adrian Rogers que en 1931 aseveró: «Cuando la mitad de las personas llegan a la conclusión de que ellas no tienen que trabajar porque la otra mitad está obligada a hacerse cargo de ellas, y cuando esta otra mitad se convence de que no vale la pena trabajar porque alguien les quitará lo que han logrado con su esfuerzo, Â eso…Â mi querido amigo… …es el fin de cualquier Nación». En el imaginario de la derecha los programas incluidos en la política de Cohesión Social solamente sirven para alimentar parásitos, para que los maridos se gasten el dinero en cantinas y burdeles (una aseveración seria tendría que investigar si tales establecimientos han registrado una acusada bonanza durante el actual gobierno), y para que los que trabajan paguen lo que se comen los que no trabajan. En el imaginario de la derecha la sociedad está dividida entre los diligentes (que por ello son ricos) y los haraganes (que por ello son pobres).
Lo falaz de todas estas aseveraciones es fácilmente demostrable. El mundo, y Guatemala como parte de éste, está lleno de millones y millones de personas que trabajan de sol a sol y se mueren de hambre. Muy fácil es afirmar que a la gente se le ayuda dándole trabajo. Pero esto es precisamente la mayor falla del capitalismo neoliberal que la derecha tanto alaba: el informe del FMI y la OIT publicado en el pasado mes de septiembre nos indica que la crisis mundial iniciada en 2008 ha dejado a 30 millones de personas más en el desempleo. Solamente en España hay tres millones de nuevos desempleados y en Francia suman cuatro millones. No por casualidad el informe se llama «Los desafíos del crecimiento, el empleo y la cohesión social». El desempleo como Marx lo planteó, abarata los salarios por la simple ley de la oferta y la demanda: en Europa la renta del trabajo representa ahora el 56% cuando antes de la crisis representaba el 70% de la renta nacional. Algunos informes indican que en Estados Unidos de América el desempleo alcanza los 15 millones de personas y nueve millones más sólo pueden encontrar empleo parcial. Steve Keen, el economista matemático que ha sido recientemente premiado con la presea Paul Revere por haber sido quien mejor predijo la crisis que estalló en 2008, calcula el desempleo real en dicho país en casi 17%.
Los programas asistencialistas ciertamente tienen falencias. Tienen uso clientelar y pueden ser objeto de corrupción. Estos son argumentos de la derecha que resultan atendibles. Por ello deben ser acompañados de una elevación de la calidad de la democracia, de una ciudadanía participativa, de un rendimiento de cuentas y una gran transparencia. Esto es cierto. No lo es que esos programas lo pagan con sus impuestos los que si trabajan. Menos en Guatemala donde la tasa de recaudación fiscal en relación al PIB a lo sumo oscila entre el 11 y 12%, una de las más bajas del mundo.