Los franceses elegirán el domingo a sus alcaldes en la segunda vuelta de unas elecciones municipales en las que los ciudadanos han decidido lanzar una seria advertencia a su presidente, Nicolas Sarkozy, cuyo partido de derecha se esfuerza en conservar el poder en numerosas ciudades.
El mandatario, que cae en picado en los sondeos de popularidad, ha preferido mantenerse en un segundo plano en los últimos días, en los que sólo pronunció un discurso sobre inmigración, una cuestión que preocupa enormemente a los electores de derecha.
Sarkozy prometió aceptar «naturalmente» el resultado de los comicios y subrayó que mantendrá el rumbo de las reformas iniciadas, diez meses después de su victoria en las urnas, tras una campaña basada en la idea de «ruptura» con el pasado.
La segunda ronda de las municipales será escenario de arduas batallas en ciudades importantes que dudan entre la derecha y la izquierda, como Marsella, al sureste, segunda ciudad del país, Toulouse (suroeste) o Estrasburgo (este).
El viernes, último día de campaña, cada partido intentaba convencer a los últimos indecisos e instaba a acudir en masa a las urnas el domingo, después de que la primera vuelta estuviera marcada por una tasa de abstención bastante elevada, ya que uno de cada tres electores no acudió a las urnas.
La izquierda recuperó parte del vigor perdido hace una semana y arrebató a la derecha ciudades como Rouen, al oeste. Los socialistas hablaron de una «advertencia» de los ciudadanos al poder pero evitaron por ahora cualquier declaración triunfalista.
De cualquier forma, la derecha francesa considera que resistió mejor de lo esperado, sobre todo gracias a los resultados de los miembros del gobierno que disputaban alcaldías, ya que 14 de un total de 23 ya fueron elegidos en la primera vuelta.
Desde la primera vuelta, los socialistas conservaron la ciudad de Lyon, tercera localidad del país, y el alcalde de París, Bertrand Delanoe, uno de los pesos pesados del partido, tiene garantizada su reelección el próximo domingo en la capital.
Una victoria de los socialistas en Marsella, dirigida desde 1995 por el conservador Jean Claude Gaudin, tendría un significado particular y los sondeos anuncian que la batalla será dura.
Por otra parte, el partido MoDem, del líder centrista Franí§ois Bayrou, que fue la tercera formación más votada en las presidenciales del año pasado, se encuentra de nuevo en posición de árbitro en varias localidades pese a haber logrado sólo el 4% de los votos.
En total, la izquierda espera arrebatar a la derecha unas 30 ciudades de más de 30.000 habitantes.
«Nicolas Sarkozy no ha entendido todavía que los franceses no están contentos. Hay que aumentar el voto de castigo el próximo domingo», aseguró la ex candidata socialista en las presidenciales de 2007, Ségolí¨ne Royal, muy activa en esta campaña.
Para el primer ministro, Franí§ois Fillon, sí hubo «una especie de decepción o al menos una falta de movilización de una parte del electorado» de derecha.
Según los últimos sondeos, Sarkozy sólo recibe el visto bueno de un 40% de los ciudadanos, que le reprochan una falta de resultados en la principal preocupación de los franceses, el poder adquisitivo, y un excesivo protagonismo de su vida privada.
El jefe de Estado ya afirmó que realizará «en los días venideros» ligeros ajustes en su equipo de colaboradores aunque los cambios podrían ser más importantes y afectar a ministros o secretarios de Estado.
Independientemente del resultado, los socialistas franceses siguen viviendo una guerra interna de líderes que con seguridad se intensificará entre Delanoe y Royal, conforme se acerque el congreso del próximo otoño (boreal) en el que se elegirá a un nuevo secretario de la formación.