Según el portal de Internet de la BBC Deportes, la Federación Internacional de Automovilismo (FIA) ha dado la orden de que se reduzcan los acercamientos de cámaras a Sebastien Loeb, el cuatro veces campeón del Rally, cuya hegemonía es indiscutible; la razón, el desaliño del piloto es notoria, y ello deja una mala imagen para el «deporte».
Es argumento parece baladí, y lo es. Según Morrie Chandler, director de Rally de la FIA, que Loeb luzca con pelo largo y barba de varios días «perjudica a la imagen del deporte».
Sin embargo, indica el portal de BBC, señala que Max Mosley, presidente de la FIA, se ha negado a renunciar a pesar de que se difundiera un video en donde él protagoniza una orgía sadomasoquista.
El punto acá es que el deporte, de un tiempo atrás, se ha convertido, más que en una disciplina, en una pasarela. En ámbitos más conocidos, como en el futbol, se recuerda el conflicto en el que entró el Real Madrid, al contratar a figurines que vendieran camisetas, aunque su rendimiento no anduviera del todo bien; como resultado: pocos títulos pero las arcas llenas.
La imagen de los deportistas no debería ser tan importante; sobre todo, que los argumentos en contra de Loeb y otros «desaliñados» se basa en que éstos no venden, no protagonizan anuncios comerciales ni mucho menos actúan en Hollywood, actividades éstas que representan las mayores ganancias para los directivos deportivos.
Y es que, pareciera mentira, que las máximas figuras son las que mejor lucen, aunque no jueguen bien; pero, en una doble moral, no se acepta que estas figuras deportivas, las que lucen y las que juegan bien, son, además, modelos para la juventud, por lo que, si es de cuidar imágenes, deberían ser en cuanto al comportamiento.
La actuación de un deportista dentro de un terreno de juego, o fuera de él, transmitido por la televisión, funciona como detonador para que se conozca y se aprendan modelos de conducta.
Sin embargo, a los directivos poco les importa esto, y prefieren a los que lucen bien, que son los que atraen la inversión, aunque no haya un buen espectáculo deportivo.