Deporte, “empresarialidad” y sacrificios fiscales


Edgar-Balsells

Si hay algún deporte preferido de nuestras élites económicas es acumular capital a costa de algún privilegio estatal: ésa es la increíble y triste historia de su manera de pensar desde los tiempos que el gran Mariano Gálvez y colegas intentaron implantar un régimen liberal, que nunca se pudo consolidar debido a los sempiternos poderes conservadores.

Edgar Balsells


Allí están por ejemplo las pruebas históricas de la implementación del Consulado de Comercio luego de fundada la república, cuando se carecía de todo tipo de infraestructura, y el comercio viajaba a lomo de mula, y ni siquiera se pensaba en un mínimo estado de bienestar para el pobrerío. Pero el Consulado famoso, acumulaba privilegios y otorgaba “licencias especiales” a los terratenientes y comerciantes de la foto, valiéndose del poder del Estado, pagando escasos impuestos y llenando los bolsillos de la minoría.
Cuando se implantó la integración centroamericana, allá por los años sesenta los famosos “incentivos fiscales al desarrollo industrial”, incluso capitalizaron bancos que hoy son de pacotilla, y los sacrificios fiscales del Estado, a costa de capitalizar a las buenas familias metropolitanas estuvieron a la orden del día.
Y hoy los deportes favoritos son dos: descontar de los ingresos tributarios para apuntalar “entidades autónomas”, como la Confederación Deportiva y el Comité Olímpico, con sus también sempiternos dirigentes que se rolan de una a otra y viceversa; y el “nuevo deporte olímpico”:  crear magnánimas fundaciones privadas, financiadas por empresas privadas que de por sí, pagan mínimas cantidades de Impuesto sobre la Renta.
En su brillante tesis de Doctorado en tributación, luego del examen del pasado lunes, el hoy Doctor Edgar Pape, con quien comenzamos de escribientes en este vespertino ya hace varias décadas,  presenta un cuadro a todas luces dramático: la tasa efectiva del ISR de contribuyentes localizados en el Régimen Optativo de actividades lucrativas, es menos del 2 por ciento. Es decir que ya de por sí, no pagan nada.
La actualización fiscal, o lo que queda de ella ha prosperado tímidamente debido a que quienes no estamos en dicho régimen contribuimos ya casi con el siete por ciento de nuestros ingresos brutos, siendo que se nos aumentó un 40 por ciento en los últimos dos años. Somos entonces, con ese aumento quienes sostenemos en buena parte con impuestos directos al Estado.
Y ahora resulta que diversos columnistas de alto nivel, de aquellos que están bien conectados con lo que se ha dado en llamar “Deporte y empresarialidad”, promueven en el matutino de mayor escala una nueva y específica Ley del Deporte público-privado; que consiste ante todo en exonerar del Impuesto Sobre la Renta y demás impuestos a las grandes empresas del sector corporativo que ayuden el olimpismo, y de pasada ayuden a publicistas y tecnocracia adjunta que se está beneficiando de dicho movimiento.
Me llama así la atención que el colega Pedro Trujillo, a quien respeto, haga este comentario en torno a dicha ley: “¡Pongan atención la mayoría de ONG que nunca finalizan nada… además malgastan enormes cantidades de dinero público!”.
Me pregunto yo entonces si no ha sido un perenne vivir del Estado el promover proyectos  a costa de sacrificios fiscales, incluyendo ahora por supuesto las elegantes conferencias olímpicas en hoteles de cinco estrellas, poniendo como estandartes la esperanza de victorias olímpicas que nadie niega que nos mueven de emoción y de guatemalidad.