Denuncias por violencia contra la mujer subieron en 317%


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Las cifras de denuncias de violencia contra las mujeres crecen año con año en los diferentes órganos jurisdiccionales del país. Tan solo en los primeros meses de 2012 se recibieron 6 mil 339 denuncias por diferentes delitos contemplados en la Ley de Femicidio y en 2011, 4 mil 879 mujeres acudieron a centros de atención para recibir apoyo debido a los maltratos sufridos. La demanda de estos servicios es cada vez mayor, pero los espacios de atención a las víctimas aún son reducidos.

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POR REGINA PÉREZ
rperez@lahora.com.gt

Sonia*, originaria de San José Pinula, vivía hace seis años en la casa de sus padres, donde gozaba de una vida tranquila y ocupada, pues tenía un trabajo como contadora al tiempo que estudiaba Traducción Jurada.

También tenía un novio con quien se comprometió casi un año después de iniciar la relación, y contrajo matrimonio civil con él; pensó que las agresiones que recibió durante el noviazgo cesarían al formalizar la relación, pero su pesadilla solo estaba empezando. “Una cree que las cosas van a cambiar. Piensas «quizá él tiene razón y yo tengo la culpa» y tratas de cambiar, pero a tu pareja nunca le parece bien nada de lo que tú hagas”, explica Sonia en una entrevista en la que pide confidencialidad sobre su identidad.

Después de la boda, la pareja vivió en la casa de los padres de Sonia, quienes fueron testigos de las peleas que sostenían los recién casados y de los abusos que sufría su hija a manos de su esposo; finalmente la relación terminó en una separación, pero los problemas solo empeoraban. “Él me buscaba y me decía que iba a cambiar. Conseguí un nuevo trabajo y él venía a buscarme; un día, al salir me agredió enfrente de mis compañeros de trabajo”, señaló. 

Pese al acoso, la joven cedió y decidió regresar con su esposo, pero nada había cambiado. “Antes de que llegara a la casa sentía una presión en el pecho, me aseguraba que todo estuviera hecho y que la comida estuviera lista”, recuerda. Su conviviente controlaba las llamadas que recibía en un celular que le había regalado y vigilaba sus salidas del trabajo. Los celos eran profundos y se manifestaban en un maltrato físico que parecía insoportable.

Cuando Sonia tomó la decisión de separarse definitivamente por el maltrato que recibía y se fue a vivir a casa de sus padres, él todavía rondaba la casa y tiraba piedras en las ventanas; por las noches le era imposible dormir por la ansiedad que sentía.

Pero un día ocurrió un incidente que la hizo buscar ayuda tras años de agresión; sucedió en la fiesta de 15 años de su sobrina. Salió a bailar con sus primas y su hija cuando apareció su exesposo y la agredió frente a los invitados. Incluso le arrancó un collar que les habían entregado a los asistentes del evento y le preguntó quién se lo había dado.  

Coincidentemente en esa fiesta estaba una persona que trabajaba en un Centro de Apoyo Integral para Mujeres Sobrevivientes de Violencia (CAIMU), que son centros de atención creados por el Grupo Guatemalteco de Mujeres (GGM); creo que tuve suerte, al ver mi situación ella habló con mis papás y les sugirió que sería bueno que yo me fuera a un refugio, indicó. Al llegar al centro ubicado en la zona 1 de la ciudad capital volvió a recobrar la tranquilidad que había perdido durante ese tiempo y comenzó a retomar el control de su vida.

La violencia contra las mujeres en Guatemala, que puede originarse desde acciones tan pequeñas como el manoseo en un bus o los piropos pasados de tono en la calle, así como las agresiones físicas y psicológicas en el hogar, puede llegar al femicidio, que es la muerte violenta de una mujer, ocasionada en el contexto de las relaciones desiguales de poder marcadas por el género.

Desde abril de 2008, cuando entró en vigencia la Ley contra el Femicidio y otro tipo de Violencia en contra de las mujeres, hasta 2011, se han ingresado 59 mil 296 denuncias en el Organismo Judicial, según datos del Centro Nacional de Análisis y Documentación Judicial (Cenadoj).

En 2008 se recibieron 4 mil 886 denuncias, mientras que en 2009 fueron 14 mil 935; 19 mil 277 en 2010 y en 2011 se registraron 20 mil 398. El aumento al año pasado fue de 317 por ciento.

CAUSAS Y MITOS

Karla Lemus, una psicóloga que ha trabajado durante 26 años en el tema y que ahora capacita al personal de los CAIMUS, explica la violencia en contra de las mujeres como un problema global y no exclusivo de Guatemala.
 
La violencia contra las mujeres no se trata de un problema específico de un país; es un problema que tiene las mismas características tanto si ocurriera en la aldea más pequeña del lago de Atitlán como en la ciudad más avanzada de Suecia. Es por eso que avalamos la teoría del feminismo, indica la experta.

Este problema no solo aqueja al género femenino, sino a toda la sociedad, porque muchas mujeres víctimas de agresiones dejan de trabajar -y afectan también a sus familias- y a la vez, se impacta a los sistemas de  justicia, porque se saturan con la gran cantidad de demandas que reciben y procesan.

Lemus aclara que tampoco hay un perfil de las mujeres abusadas. Por ejemplo, no es exclusivo de las mujeres analfabetas, que viven en pobreza, que no cuentan con el apoyo de su familia y que hayan crecido en un hogar donde el padre era alcohólico y su madre era víctima, aunque estos factores sí pueden crear cierta predisposición.

Esto es un mito dañino porque la mujer educada, con un título universitario, que posee bienes y cuenta con un sueldo propio piensa “entonces no soy maltratada” a pesar de vejámenes que puede sufrir y no se atreven a denunciar, afirma Lemus. Las mujeres que no encajan dentro de esa visión estereotipada nunca actúan, agrega.

Ana Gladis Ollas, de la Defensoría de la Mujer de la Procuraduría de los Derechos Humanos, coincide con esta visión y anota que no debe confundirse con violencia de género ni violencia intrafamiliar, pero también señala otras causas.

La violencia contra las mujeres se origina principalmente del sistema patriarcal que existe en el país. El mismo sistema considera a la mujer como el “sexo frágil” y ha generado las relaciones desiguales de poder, indica.

Muchos de los hombres que agreden a las mujeres se criaron en hogares donde se vivía violencia, agrega. Según la experta se corre el riesgo de que los niños criados en estos hogares reproduzcan estas actitudes en la siguiente generación. Para Ollas, la pobreza también puede ser una causa de violencia, aunque no es la principal razón.

La funcionaria también considera que pese a los esfuerzos del Estado y las organizaciones femeninas por erradicar la violencia contra la mujer esta va en aumento.

¿NO BUSCAN AYUDA?

Sin embargo, la violencia que sufren en su entorno familiar y aún con posibilidades de dejar sus hogares y contar con el apoyo de sus padres, como en el caso de Sonia, muchas mujeres no se atreven a hacer las denuncias o buscar ayuda en el momento en que son víctimas de agresión.

Lemus señala que existe mucha incomprensión sobre las causas del por qué no piden ayuda y prefieren quedarse en sus hogares. Es un mito pensar que la mujer puede irse cuando quiera.

La experta dice que se quedan por muchas razones, porque sus hijos están estudiando y quieren que terminen el año escolar, porque han comprado un artículo a pagos, como una lavadora y tienen que terminar de pagarlo o porque el seguro de los hijos corre por cuenta de su esposo.

El sistema sigue pensando que la mujer no se va porque no quiere irse y no es así, tampoco son factores económicos como comúnmente se piensa. Muchas mujeres son independientes económicamente, pero hay muchas condiciones que las atan, anota Lemus.

Para Ollas, de la PDH, a muchas mujeres les cuesta salir del círculo de violencia por las secuelas que les ha dejado la violencia psicológica que a veces sufren durante años; una mujer que ha vivido de violencia psicológica está afectada desde todo punto de vista y puede sufrir de baja autoestima y depresión.

Muchas veces el hombre crea las condiciones para que las mujeres no denuncien, no las dejan tener amigos ni permite que se comuniquen con sus familiares; cuando la violencia sucede en ese entorno las mujeres ya no tienen fuerzas para hacer las denuncias. Cerca de un 38 por ciento del total de crímenes cometidos contra mujeres sucede en el hogar, afirma la entrevistada.

Lemus, psicóloga de GGM, da consejos en dos direcciones para ayudar a las mujeres a salir de este ciclo: los familiares o amigos allegados nunca deben forzar a la separación y presionarla, en vez de eso deben hacerle ver a la víctima que siempre estarán presentes y dispuestos a ayudar. Mientras que para las mujeres maltratadas, el consejo es que sí hay ayuda y la única que puede dar el paso para buscarla es ella.

Entre los lugares a los que las mujeres pueden acudir en busca de ayuda, además de los CAIMUS, Lemus menciona la Oficina de Atención a la Víctima (OAV) de la Policía Nacional Civil (PNC) y del MP, las alcaldías y Oficinas Municipales de la Mujer.

ATENCIÓN INTEGRAL

En Guatemala existen varios centros de apoyo dirigidos a las mujeres víctimas de violencia. GGM maneja los CAIMUS, que se contemplan en el Plan Nacional de Prevención de la Violencia Intrafamiliar contra las Mujeres (PLANOVI 2004-2014), como una respuesta alternativa desde las organizaciones feministas y de mujeres, para atender, prevenir y erradicar la violencia en su contra.

Estos centros se ubican en Guatemala, que es el único que cuenta con un albergue temporal, Escuintla, Suchitepéquez, Rabinal Baja Verapaz y Quetzaltenango.

Desde que surgieron los CAIMUS en 2008 las acciones de acompañamiento a las mujeres casi se han duplicado. Ese año el CAIMU ubicado en Guatemala atendió a 642 mujeres, mientras que en 2011 brindó acompañamiento a mil 876. El centro ubicado en Quetzaltenango es el centro que más apoyo ha proporcionado a las mujeres en el ámbito departamental, con un total de 3 mil 811 mujeres atendidas desde 2008.

Nancy Campos, coordinadora del CAIMU en Rabinal, Baja Verapaz, manifiesta que existen dificultades para atender a las mujeres que sufren de violencia en el departamento, principalmente de las etnias achí y poq’omchí. Dos veces por mes tienen que viajar a los municipios de Cubulco y Purulhá, para dar sus servicios, debido a que las mujeres no cuentan con los recursos económicos para viajar a Rabinal y recibir la ayuda necesaria.

El CAIMU también cuenta con un albergue, una casa de cuatro cuartos con literas. Sin embargo, en ese departamento cuando las mujeres deciden separarse de sus esposos generalmente se van a vivir con sus familias o sus familiares cercanos, refiere la entrevistada.

El centro cuenta con una psicóloga, una trabajadora social, una médica y una abogada. Campos funge como administradora y psicóloga al mismo tiempo. Cada mes atienden entre 40 y 45 mujeres que llegan al centro a recibir atención por primera vez. Desde que se construyó el centro la demanda ha aumentado; en 2008 atendieron a 131 mujeres y en 2011 fueron 522.

Otras organizaciones que tienen programas similares en el país son el Centro de Investigación, Capacitación y Apoyo a la Mujer (CICAM) y la Asociación por Nosotras, Ixmucané, en el departamento de Quiché.

Si bien cada vez hay más espacios para atender a las mujeres víctimas de la violencia, aún son insuficiente los espacios para apoyarlas, por el enorme y creciente caudal de denuncias y demanda de seguridad.

DELITOS*
DENUNCIAS POR AÑO

2008
4 mil 886 denuncias

 2009
14,935

2010
19,277

2011
20,398

*Fuente: GGM-CENADOJ

“Una cree que las cosas van a cambiar. Piensas «quizá él tiene razón y yo tengo la culpa» y tratas de cambiar, pero a tu pareja nunca le parece bien nada de lo que tú hagas”.
Sonia
Víctima de la violencia