Delincuencia infantil, problema vigente


Descuidar sus necesidades básicas, no incorporar planes educativos para canalizar sus energí­as y potencialidades, pero culparlos de calamidades y solicitar penas graves contra ellos cuando cometen infracciones, son caracterí­sticas presentes en diversas sociedades latinoamericanas con relación a los menores de edad.

Carlos Cáceres

Junto a lo anteriormente expuesto, deben señalarse las inadecuadas condiciones de desarrollo socioeconómico cuyas implicaciones inmediatas se encuentran en el incremento de la pobreza, delincuencia y otros factores. Por esta razón, es importante destacar datos del estudio (1997) presentado por la Relatora Especial del Centro de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, Ofelia Calceta Santos, donde indica que el consumo infantil de drogas en las ciudades fronterizas mexicanas obliga a menores de edad a entrar al comercio sexual para costear el hábito.

El problema de la prostitución infantil adquiere otra dimensión cuando se conocen cifras. Un ejemplo de esta situación se encuentra en lo expuesto por José Carlos Cuentas Zavala, representante en México y Cuba del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), quien se refirió a un estudio realizado por esta institución indicando que 30 mil niños mexicanos son explotados sexualmente y también declaró a la agencia de noticias EFE: «La explotación sexual de los menores de edad se acompaña de delitos anexos que con los años se han agudizado como el uso de drogas, contagio de sida, consumo de alcohol, homicidios y tráfico humano».

La violencia sexual contra menores se encuentra presente en México, así­ como en la gran mayorí­a de paí­ses latinoamericanos. La desintegración familiar, la pérdida de valores morales y la necesidad de trabajar a temprana edad, entre otros, origina que niños y niñas vivan en las calles y se encuentren expuestos a ser explotados.

En el análisis del consumo de estupefacientes entre menores latinoamericanos, debe mencionarse al estado brasileño de Sí£o Paulo, donde el trasiego y consumo de drogas se ha generalizado en escuelas públicas y privadas, dio a conocer la señora Elizabeth Sato, del Grupo de Apoyo y Protección a las Escuelas. Atrapados en la dependencia, expone la señora Sato, los estudiantes recurren a la violencia para silenciar los eslabones débiles o amedrentar a los adultos. Diariamente se reciben denuncias de profesores amenazados por supuesta colaboración con la Policí­a y los pandilleros atacan escuelas destruyendo las instalaciones académicas. En Brasil, la cocaí­na y el crack son las drogas que más consumen los jóvenes

Para captar nuevos consumidores los traficantes utilizan a estudiantes adictos, quienes promueven el producto con otros colegiales. Considerando que los escolares no siempre tienen dinero, se les plantea acumular créditos: por cuatro dosis de cocaí­na vendidas o donde actuaron como intermediarios, el alumno convertido en microtraficante obtiene una dosis gratis. Un adolescente que se ha introducido en el mundo de las drogas no podrá salir de ahí­ ni siquiera por sus propios medios.

El consumo de drogas y su inmediata implicación de violencia, no es un fenómeno propio de los sectores bajos de la población. Incluye a estratos medios y altos. Combatirlo significa fortalecer la integración familiar y aplicar planes preventivos para evitar sus negativas consecuencias sociales.