La participación activa de las mujeres en el avance de los cambios sociales, el fortalecimiento de la democracia y la edificación de un estado de Derecho, ha sido invisibilizada históricamente, sin embargo, es responsabilidad del Estado, garantizar que estos aportes sean reconocidos.
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De acuerdo con Lucía Morán, del programa Justicia y Género del Instituto de Estudios Comparados en Ciencias Penales (ICCPG), los Estados siguen sin reconocer tales aportes.
Por esa razón, y a raíz de la Resolución 1325 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, la cual hace un llamado para que los Estados visibilicen las acciones de las mujeres por la construcción de la cultura de paz, se pensó en recopilar historias de mujeres que hayan hecho esos aportes.
«Tejedoras de Paz»
Los testimonios de mujeres que se resistieron a la militarización, sobrevivientes de torturas y violencia sexual, luchadoras contra la desaparición forzada, revolucionarias y combativas, en movimientos sociales, en la construcción de procesos de paz, en la lucha por la memoria y la justicia, fueron recopilados en un intento de dignificar ese aporte histórico.
La presentación pública de un libro «Tejedora de Paz», que recoge el testimonio de 28 mujeres que han realizado luchas excepcionales, se llevó a cabo al final de la tarde de ayer.
Martha Skretteberg, directora del foro para Mujeres y Asuntos de Desarrollo en noruego (FOKUS por sus siglas en noruego) -quienes apoyaron el proyecto- indicó que es importante que el mundo conozca el rostro de mujeres que fueron, son y siguen siendo vitales para la construcción de una mejor sociedad.
La entrevistada indicó que esta publicación es, apenas, un punto de partida, ya que el proyecto será reproducido en otros países que viven conflictos, como Colombia, Afganistán, Palestina e Irak.
«Esperamos que el gobierno tome en serio este trabajo y que este libro sirva de ejemplo de cómo enfatizar el trabajo de la mujer en una sociedad», señaló Skretteberg.
Una muestra
Entre los testimonios recopilados se encuentra el de Juana Calachij, la primera mujer que se atrevió a denunciar una violación a sus derechos humanos durante la guerra. También se encuentra el caso de Juana Méndez, que constituye un precedente histórico, ya que se dictó el primer fallo condenatorio contra fuerzas de seguridad por la violación de una mujer detenida.
La versión autorizada y dominante de la historia ha inadvertido la participación de las mujeres en la construcción de los procesos de paz. A criterio de la socióloga Ana Silvia Monzón, la memoria dominante ha ignorado a las mujeres.
«Esa memoria sigue invisibilizada porque los oprimidos y oprimidas no contamos con espacios suficientes, autorizados para investigar, enseñar o para aprender acerca de nuestras ancestras o contemporáneas; el olvido se ha elevado a una categoría de política institucional», manifestó Monzón.
Ante esa situación, la entrevistada estima que se debe mirar el pasado con nuevos referentes, como el de mujeres que «han burlado la tutela patriarcal (…). Que han enfrentado represión, violencia, intolerancia, racismo y discriminación».
En ese sentido, el documento «Tejedoras de Paz», donde se plasman historias de vidas de mujeres que lucharon y siguen luchando contra poderes «aparentemente impenetrables, nos dejan lecciones de fuerza, de poder de afirmación, de proteger y valorar la vida», refirió Monzón.