El presidente paquistaní, Pervez Musharraf, pasó hoy el mando militar del país a su sucesor, el general Ashfaq Kiyani, antes de prestar juramento el jueves como «presidente civil», ocho años después del golpe de Estado que lo llevó al poder.
Musharraf cumple así con una de las exigencias de la comunidad internacional. Y los 160 millones de habitantes de la República Islámica de Pakistán -la única potencia nuclear comprobada del mundo musulmán- deberían recuperar, por lo menos formalmente, una democracia «normal».
Musharraf cedió el cargo de comandante en jefe del ejército durante una ceremonia con gran pompa celebrada en el cuartel general de las fuerzas armadas de Pakistán, en Rawalpindi, en la periferia de Islamabad, constató un periodista de la AFP.
Se despidió así de una institución que dirigió durante cerca de una década.
«Mañana ya no vestiré el uniforme», declaró a cientos de invitados y dignatarios, que le aplaudieron. Durante una ceremonia retransmitida en directo por la televisión, Musharraf reconoció sentirse «un poco triste».
«Después de haber llevado el uniforme durante 46 años, le digo adiós a este ejército», declaró. «El ejército, es mi vida, es mi pasión», agregó.
El jefe de Estado abadonó así formalmente su cargo de jefe del ejército y fue reemplazado a la cabeza de la institución por el general Ashfaq Kiyani, uno de sus más fieles colaboradores.
Musharrafa había nombrado a Kiyani, de 55 años, jefe de estado mayor adjunto el pasado 8 de octubre, designándolo como su sucesor.
Musharraf, que debe prestar juramento el jueves como «presidente civil», emprendió el martes una gira de despedida por los cuarteles, antes de abandonar el cargo de jefe de las fuerzas armadas, que ocupaba desde el 7 de octubre de 1998, un año antes del golpe de Estado que lo llevó al poder el 12 de octubre de 1999.
En 2002, el golpe de Estado fue legalizado por la justicia y el Parlamento nuevamente electo lo confirmó como presidente tras un referéndum.
En un Pakistán en plena crisis política -en estado de excepción desde el pasado 3 de noviembre-, el general Kiyani jugará sin ninguna duda un papel esecial en este país que ha vivido más de la mitad de sus 60 años de existencia bajo el poder de los generales golpistas.
La oposición paquistaní y la comunidad internacional continúan exigiendo unánimemente un «verdadero retorno a la democracia» y que Musharraf levante el estado de excepción antes de las elecciones legislativas del próximo 8 de enero.
Musharraf podría cumplir también con esta exigencia, según la cadena de televisión privada paquistaní Dawn, que el miércoles informó, citando a fuentes anónimas, que Musharraf estaba dispuesto a levantar el estado de excepción en 48 horas.
Sin embargo, un alto responsable del gobierno declaró a la AFP que el presidente «está aun sopesando las diferentes opciones».
«Ha indicado a sus asistentes que le gustaría levantar el estado de excepción antes de las elecciones pero todavía no decidió cuándo hacerlo», afirmó.
El portavoz del presidente, Rashid Qureshi, declaró que éste se dirigirá a la nación en la tarde del jueves, pero no precisó el contenido del mensaje de Musharraf.
El pasado 6 de octubre, cuando su popularidad se veía en grave retroceso, Musharraf fue reelegido por el Parlamento y las asambleas provinciales, en las que tenía mayoría.
Pero la Corte Suprema -ante la que la oposición había recurrido la elegibilidad de Musharraf- suspendió el resultado de la elección presidencial condicionándolo a su veredicto.
En este contexto, Musharraf declaró el estado de excepción. El invocó la amenaza del terrorismo islamista, pero la oposición y la comunidad internacional lo acusan de haberlo hecho con el objetivo de meter en vereda a la Corte Suprema.
Efectivamente, al día siguiente destituyó a la mayoría de jueces, que le eran hostiles, y la semana pasada un nuevo tribunal reestructurado validó su reelección.
La renuncia del presidente de Pakistán, Pervez Musharraf, como jefe del Ejército es un buen primer paso, pero ahora debe levantar el estado de excepción, dijo la secretaria de Estado norteamericana, Condoleezza Rice hoy.
«Este es un buen paso, un buen primer paso del presidente Musharraf que cumple con su obligación, su promesa de sacarse el uniforme», dijo Rice a la cadena de televisión NBC.
«Pero ahora debe tomar la decisión de terminar el estado de excepción para permitir elecciones libres y limpias», agregó.
El presidente paquistaní pasó hoy el mando militar del país a su sucesor, el general Ashfaq Kiyani, antes de prestar juramento el jueves como «presidente civil», ocho años después del golpe de Estado que lo llevó al poder.
Musharraf cedió el cargo de comandante en jefe del Ejército durante una ceremonia con gran pompa celebrada en el cuartel general de las fuerzas armadas de Pakistán, en Rawalpindi, en la periferia de Islamabad, constató un periodista de la AFP.
Se despidió así de una institución que dirigió durante cerca de una década.
«Mañana ya no vestiré el uniforme», declaró a cientos de invitados y dignatarios, que le aplaudieron. Durante una ceremonia retransmitida en directo por la televisión, Musharraf reconoció sentirse «un poco triste».