Degradación, cinismo, abuso, destrucción…


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El martes sale la noticia de una madre-niña de 16 años que mata a su hijita de meses y luego se suicida con un potente insecticida que a ambas les destruye todo el organismo; el miércoles en un pequeño espacio periodístico me entero de una niña que se suicida ahorcándose; ese mismo día, patojitos aprendices de mareros y fieles ejemplos de maestros como Joviel Acevedo continúan en posesión de centros de enseñanza pública, privando a miles de niños de acudir a clases; el fin de semana se sabe de un bufete de la «alta sociedad» que emplea a un mensajero y miembro del servicio de limpieza de un hospital mental como representante legal de 153 empresas, lo cual dice la abogada que trabaja en ese bufete es «legal», pero ¿es «moral»?

Héctor Luna Troccoli


¿El MP no debe investigar a qué se dedican esas 153 empresas cuyo máximo jefe trabaja con el actual gobierno?, los diputados como siempre, siguen mejor que nunca, tratando de torpedear la Ley de enriquecimiento ilícito que seguramente los afectará  y a muchos exfuncionarios y miembros de la llamada iniciativa privada; matan el miércoles a dos microbuseros, quitan un arraigo a una persona mujer (ellas y ellos recuerdan), acusada de dirigir una de las bandas de narcotraficantes más grandes y seguramente hoy estará en México; se rumora que la vicepresidenta es muy amiga de esta y otra «ella» que jefea una banda de ladrones de propiedades y sospechosa de cometer crímenes… y podríamos seguir con más temas de corrupción, impunidad, degradación social en todos los órdenes con absoluto abuso y prepotencia y ante la impasible posición de los guatemaltecos que son buenos para insultar anónimamente pero que no dan la cara como lo hacemos quienes escribimos en los medios de comunicación ¿Faltan testículos y en su caso, ovarios? A saber.
Cuando uno se entera de estas cosas que ocurren en el lapso ordinario de 24 horas, que se dan también a cada día, que además perdura la indiferencia social y que aquí, se ha vuelto el país del «nunca jamás», no como el país de hadas y piratas inventado por un escocés en 1887, sino que aquí es el país en el que nunca jamás podrá privar la vergüenza pública e individual, la aceptación, conformación y aplicación de valores, para tratar de cambiar. Es más fácil esconderse en el silencio y no decir nada o diciéndolo con un vulgar anónimo y con un insulto lépero y cobarde. No hay modo de cambiar y aunque ya vivimos de todo sigue creciendo nuestra capacidad de asombro. Si hace años nos asombrábamos de congresos que debían ser depurados por inmorales, los dos últimos, incluyendo el actual han subido esos «índices» de inmoralidad, con la diferencia de que ahora a la mayoría de gente le importa un comino. No hay grupos sociales conjuntados en una fuerza arrolladora, sino que cada grupito va por su lado, sin darse cuenta que todos los males provienen de una sola raíz: la descomposición total y absoluta de la sociedad y la degradación inmisericorde del humano.
 
Se destruyen valores y a la mayoría ello les causa indiferencia absoluta, o risa (vi diputados sonrientes cuando rechazaban la Ley de enriquecimiento ilícito, vi a Carlos de León antes y después de salir libre gracias a una jueza); se evidencian casos que en un país pobre y miserable como el nuestro es motivo para llamar a Jesucristo el HOMBRE y que látigo en mano eche del templo a estos fariseos que están destruyendo al país. Insisto en que si el  diluvio lo mandó Dios para terminar con todos, ya es tiempo de que venga otro, con la lamentable pérdida de vidas inocentes, igual que ahora, solo que con el diluvio sería una muerte rápida y no lenta y llena de agonía como la que llevamos ahora.
 
Actualmente, en esta época, cada comentarista tiene miles de temas para criticar, señalar y proponer, pero los malos, afortunadamente para ellos ya no tienen oídos para escuchar y ojos solo para ver cómo incrementan su riqueza a costa de lo que sea. El gobierno, cualquier gobierno, es blanco de críticas, en un 99 por ciento justas. En más de 100 años solo vivimos libres y con un traje de dignidad durante 10 años, de 1944 a 1954. Y hasta allí llegamos.
 
Cuando leo sobre la Revolución de Octubre, me admiro  notar que de todos los movimientos políticos del país sea el único que logró conjuntar a todos los sectores, ¡hasta al Ejército y la Universidad, pues! Los gringos destruyeron en el 54 los pasos hacia adelante que se estaban dando. Pero hay otros ejemplos más elocuentes y dignos de aplauso, como el derrocamiento de la dictadura de Manuel Estrada Cabrera en donde los principales partícipes fueron miembros de la oligarquía criolla, como el ilustre Don José Azmitia, un ejemplo que debían seguir los que se creen de alcurnia por el pisto que poseen. Una revolución pacífica la veo improbable porque somos un país desunido e indiferente, una violenta ya la sufrimos en carne propia y vimos el resultado trágico de las masacres que ocurrieron. Esta descomposición social solo pueden detenerla verdaderos líderes y patriotas, pero que por favor, no los confundan con esa cosa grotesca y tragicómica de un partido Líder y otro Patriota, en donde abunda de todo, menos inteligencia.
 
Todo esto está formando a niños que se suicidan, otra que mata a su hija y a ella misma, escolares que nos escupen en la cara, diputados que abiertamente protegen el enriquecimiento ilícito y prefieren seguir hueviando, violencia, falta de salud, de educación, de oportunidades, de justicia, de paz, de dignidad… Sírvase usted lo que quiera de este plato que ensucia a la sociedad guatemalteca y ojalá le caiga bien. Ah y se me olvidaba decir cuando escribo, empiezo con una oración íntima: barajo por mi pedazo y como siempre, reviro en contra.

BUENA NOTICIA. Para los que aborrecen mis comentarios, les cuento que ya me estoy cansando de escribir y no sé si seguiré, así que ya pueden quemar cuetes ca…maradas. (No me permiten poner la palabra en la que pienso, respetando las estrictas normas que este y otros periódicos ponen para sus lectores a fin de que contesten con cordura y con educación CRITICANDO el artículo, no al articulista). Esas normas son iguales  a la Constitución.