Dedicado al Dr. Luis A. Ferraté, próximo Ministro del Ambiente


El calentamiento del clima es inequí­voco y se evidencia por el aumento de la temperatura media global del aire y los océanos, la amplia fusión del hielo y la nieve y el aumento global del nivel del mar.

Eduardo Villatoro

Categórico párrafo que encabeza el informe de la 27 reunión plenaria del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, celebrado la semana anterior en la ciudad española de Valencia; pero en lo que respecta a Guatemala, pareciera como si no nos hubiéramos enterado de esa actividad y no estuviésemos medianamente interesados en un fenómeno natural provocado por la voracidad e inconciencia del ser humano, cuyos efectos son inexorables, si los gobiernos de todos los paí­ses, pero especialmente de las naciones industrializadas, no adoptan las medidas pertinentes, para salvar al planeta de la catástrofe que se atisba y cuyas ví­ctimas serán nuestros nietos y su descendencia, aunque ya estamos padeciendo algunos de los peligrosos resultados del calentamiento global.

Medio millar de expertos de 130 paí­ses analizaron el fenómeno sin mayores discrepancias, porque ya se sabe ?menos en Guatemala? lo que procede hacer: La única solución es reducir el consumo de energí­a y otros bienes que se utilizan hasta la saciedad, según admonitorias palabras del cientí­fico Javier González, coordinador de energí­a de la no gubernamental Ecologistas en Acción.

Si usted habla con indistinto guatemalteco de cualquier clase social y económica ?salvo las siempre honrosas excepciones y sin incluir a miembros de grupos ambientalistas? no sabe, no le importa, no le interesa ni le preocupa lo que le pueda suceder al planeta durante las próximos décadas y ni en los futuros siglos ?si es que la Tierra sobrevive? ni siquiera por el provenir de su progenie, y hasta sospecho que muchos de ustedes que leen estos apuntes viven despreocupadamente de lo que pueda ocurrir, ya sea porque están más inmersos en llevar los alimentos a su hogar o de incrementar los ingresos de su negocio.

Es dramático, es penoso, que quienes más deberí­an estar trabajando solidariamente con los defensores de la naturaleza, están más afanados en conseguir un cargo en el próximo gobierno, en acceder a una secretarí­a de la junta directiva del Congreso, en convertirse en asesores de cualquier ministro, de ocupar indistinta plaza en la administración pública, porque se fajaron durante el desarrollo de la campaña electoral y por eso creen tener derecho de recibir un premio a sus luchas partidarias, de manera que el cambio climático les importa tanto como el humor con que despertó el rey de España.

Me refiero, por supuesto, a los polí­ticos de toda especie y de cualquier grupo, pero en este caso especialmente a los dirigentes y activistas de la UNE, porque, como lo expresó Hans Verolme, del grupo ecologista internacional World Wildlife Funbd /Adena, «Cuanto más tajante sea la afirmación de los cientí­ficos (respecto al calentamiento global), menos excusas tendrán los polí­ticos para demorar o evitar la adopción de medidas concretas»; respaldado por el secretario general de la ONU, el coreano Ban Ki-moon, al afirmar que «corresponde a los gobiernos plasmar las respuestas de los expertos en acciones concretas, porque reducir e invertir esas amenazas (el cambio climático) es el reto que define nuestra época».

Mientras tanto, el ignorante, belicista y ambicioso presidente norteamericano George W. Bush se hace el sordo, porque en su afán de defender los poderosos intereses de las grandes industrias, básicamente los fabricantes de armamentos, se resiste a suscribir el acuerdo de Kyoto.

En lo que atañe a Guatemala, con el nombramiento del cientí­fico Luis Alberto Ferraté en el Ministerio de Ambiente y Recursos Naturales se abre una ventana de esperanza, si se toma en consideración su preparación académica y su dedicación al estudio del calentamiento global. Confí­o en que logre sacar del marasmo a los guatemaltecos y que encabece aquí­ una cruzada para coadyuvar a salvar el planeta.

(Ecologistas de San Juan La Laguna, afanados en contribuir a evitar la contaminación del lago de Atitlán, lanzaron en la UNE de candidato a gobernador departamental de Sololá al ambientalista empí­rico Romualdo Hecolójico; pero ésta es la hora en que no saben dónde cayó).