Los países de ífrica occidental se reúnen hoy y mañana en Praia, capital de Cabo Verde, para adoptar un plan de lucha regional contra el tráfico de cocaína sudamericana destinada a Europa y que ha convertido el oeste africano en punto de paso anual de decenas de toneladas.
Los ministros de Interior o de Justicia de los 15 países miembros de la Comunidad Económica de Estados de ífrica Occidental (CEDAO) abordarán «las amenazas del tráfico de droga para la seguridad» en la región, antes de adoptar mañana una «declaración política y un plan de acción».
La conferencia ministerial será inaugurada hoy por la mañana por el presidente de Cabo Verde, Pedro Pires, y por el jefe de Estado de Burkina Faso, Blaise Campaore, presidente en ejercicio de la CEDAO, y terminará mañana a mediodía.
Representantes de la Unión Europea (UE), de la Organización Mundial de Aduanas, de Interpol y de países sudamericanos y asiáticos están invitados a participar en esta reunión organizada conjuntamente por la CEDAO y la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Crimen (ONUDC).
Cerca de 50 toneladas de cocaína transitan cada año por ífrica occidental, según la ONUDC.
«Hemos notado recientemente un incremento importante en la utilización de ífrica occidental para el tráfico de cocaína procedente de América del Sur en dirección a Europa y a nuevos mercados como Oriente Medio, Arabia Saudita, Rusia y Sudáfrica», declaró Antonio Mazzitelli, representante regional de la ONUDC en Dakar.
Según Mazzitelli, «desde 2006 se han realizado decomisos importantes en todos los países de ífrica occidental».
En el verano (boreal) de 2007, se descubrieron al sur de Dakar 2,4 toneladas de cocaína por valor de unos 228 millones de euros, que las autoridades de Senegal hicieron incinerar públicamente. Al menos siete personas -cuatro latinoamericanos, dos franceses y una senegalesa- están en detención provisional en relación con este caso, que ha sido objeto de una «investigación internacional», según una fuente próxima al caso.
«Todos los países de ífrica occidental son cada vez más utilizados como punto de paso en el tráfico de cocaína, en particular los países costeros, aquéllos donde las fuerzas de seguridad son más débiles y los que sufren tensiones políticas internas e inestabilidad», afirma el documento de presentación de la conferencia.
«Estos traficantes de droga se dedican también al tráfico de armas, de plutonio, de especies protegidas, de joyas y piedras preciosas, de inmigrantes clandestinos, de mujeres y de vehículos robados, por citar sólo algunos de ellos», agrega el documento.
La saturación del mercado norteamericano y el papel cada vez mayor que juegan en él las bandas mexicanas ha llevado a los narcotraficantes colombianos a buscar aperturas en ífrica occidental, consideran los expertos.
Otros factores a tener en cuenta son la corrupción en los sistemas judiciales y la permeabilidad de las fronteras de algunos de estos países.
En julio, cuatro latinoamericanos fueron detenidos en Bissau tras llegar a bordo de un avión cargado, según la policía, con más de 500 kg de cocaína. La carga desapareció después misteriosamente y los cuatro sospechosos huyeron al mes siguiente después de que un juez les concediese la libertad provisional sin fianza.
El presidente en ejercicio de la Comunidad de Estados de ífrica del Oeste (Cedeao), Blaise Compaoré, deploró hoy que esa región se haya convertido en plataforma del tráfico de droga, al abrir una conferencia sobre ese tema en Praia, la capital de Cabo Verde.
«Nuestra región se ha convertido en una plataforma del tráfico de droga», dijo Campoaré, presidente de Burkina Faso, al iniciarse el encuentro organizado por la Cedeao y la Organización de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC).
Campoaré llamó a «una cooperación reforzada entre Africa del Oeste, Europa y América Latina» para combatir el narcotráfico.
«En momentos en que el mundo enfrenta la crisis financiera y alimentaria, hay flagelos menos mediáticos pero igualmente devastadores, como el tráfico de drogas», alertó.
«El narcotráfico, el lavado de dinero, el tráfico de seres humanos, son amenazas directas para el progreso económico, para la paz y la seguridad de nuestra región, y eso exige actuar mancomunadamente», insistió Campoaré.