El jefe del Hezbolá libanés, Hassan Nasralá, afirmó hoy que las recientes decisiones adoptadas por el gobierno libanés, entre ellas la de abrir una investigación en su contra, son una «declaración de guerra».
«Esas decisiones son una declaración de guerra y un principio de guerra lanzado por el gobierno (…) en beneficio de Estados Unidos y de Israel», insistió Nasralá en una videoconferencia transmitida en directo en un complejo de la periferia sur de Beirut de mayoría chiíta.
El martes, el gobierno libanés decidió abrir una investigación sobre una red de telecomunicaciones paralela instalada por el Hezbolá en todo el país, y destituir al jefe de seguridad del aeropuerto de Beirut por su cercanía con el movimiento chiita.
La conferencia de prensa de Nasralá se produce en el segundo día de una huelga general convocada por la Confederación General de Trabajadores del Líbano (CGTL), la principal central obrera del país, en demanda de aumentos salariales -congelados desde 1996-, respaldada por el Hezbolá, que degeneró en disturbios entre partidarios de la mayoría antisiria en el poder y de la oposición.
Dieciocho personas resultaron heridas en dos días en enfrentamientos entre partidarios de la mayoría y de la oposición, según los servicios de seguridad.
El jueves numerosas carreteras seguían bloqueadas y el aeropuerto internacional de Beirut permanecía cerrado mientras los disturbios se extendían por numerosas ciudades libanesas.
El Hezbolá afirma que su red de telecomunicaciones forma parte de su «resistencia contra Israel» y que es necesaria por razones de seguridad.
«Nuestra respuesta a esta declaración de guerra es nuestro derecho a defendernos, a defender nuestra resistencia, nuestras armas y nuestra existencia», sostuvo Nasralá a quien podían interrogar los periodistas presentes en el citado complejo.
«A quien dispare contra nosotros, le dispararemos (…) inclusive si se trata de nuestros hermanos», advirtió el jefe del partido chiita que lidera la oposición frente a la mayoría parlamentaria libanesa antisiria.
Según Nasralá, la crisis libanesa que comenzó en noviembre de 2006 «ha entrado en una nueva etapa tras las peligrosas decisiones» adoptadas por el gobierno.
La crisis política del Líbano sólo se resolverá si el gobierno da marcha atrás en sus decisiones y acepta un diálogo nacional, advirtió el jefe del movimiento chiita.
Desde finales de la guerra entre el Hezbolá en Israel, en el verano boreal de 2006, Nasralá había aparecido en público una sola vez, semanas después del conflicto armado.
La huelga fue mantenida a pesar de la decisión del gobierno de aumentar el salario mínimo en 130 dólares a 330 dólares mensuales (550.000 libras libanesas). La CGTL lo consideró insuficiente.
El miércoles, un responsable de la oposición afirmó a la AFP que la huelga continuará y se transformará en «desobediencia civil» hasta que el gobierno cambie sus decisiones sobre la red de telecomunicaciones y del jefe de seguridad del aeropuerto.
Líbano vive su más grave crisis política desde el fin de la guerra civil en 1990, y está sin presidente desde el 24 de noviembre. Los dos partidos se disputan el poder.