Declaración de Derechos Indí­genas


La Declaración de Derechos de los Pueblos Indí­genas fue aceptada por la Organización de Naciones Unidas.

El pasado 13 de septiembre la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas, (ONU), aprobó la Declaración de Derechos de los Pueblos Indí­genas, pronunciamiento que fue recibido con el beneplácito de las organizaciones de derechos humanos.

Javier Estrada Tobar
lahora@lahora.com.gt

La declaración, que consta de 45 artí­culos pone de manifiesto las consideraciones mí­nimas de respeto que merecen los más de 370 pueblos indí­genas alrededor del mundo, con respecto al derecho del uso de la tierra, recursos naturales, preservación de sus conocimientos generales y autodeterminación.

Pese a que la medida no es «vinculante», es decir, que no incide directamente en la legislación interna del paí­s, los expertos aseguran que será un instrumento útil para respaldar el marco jurí­dico de las leyes que protegen los derechos de los pueblos indí­genas.

Las dificultades

Según Victoria Tauli-Corpuz, presidenta del Foro Permanente de la ONU para Asuntos Indí­genas, el resultado se logró después de 22 años de trabajo dentro de la Asamblea, durante los que se presentaron diversos problemas, especialmente por las diferencias existentes entre los pueblos indí­genas de cada continente.

Después del largo trabajo de cabildeo, el resultado finalizó con el voto a favor de los representantes de 143 naciones, sin embargo, contó con 11 abstenciones y cuatro oposiciones, de Estados Unidos, Nueva Zelanda, Canadá y Australia, a pesar de que estos paí­ses cuentan un considerable número de habitantes considerados indí­genas.

Romeo Tiú de la Comisión Presidencial Contra la Discriminación y Racismo Contra los Pueblos Indí­genas en Guatemala indicó que la medida beneficiará, en buena medida, a las disposiciones que respaldan las leyes encaminadas a erradicar la discriminación hacia estos pueblos autóctonos.

En Guatemala

Martí­n Sacalxot de la Defensorí­a de los Pueblos Indí­genas de la Procuradurí­a de Derechos Humanos comenta que la declaración beneficiará a todos los pueblos indí­genas del mundo; en Guatemala tendrá una relevancia mayor, ya que el pueblo indí­gena tiene una importante presencia dentro de la sociedad.

«Con la declaración no se intenta marcar la división, sino de comprender las riquezas que tienen todos los pueblos que conforman a Guatemala», explica Sacalxot.

También indica que dentro de los artí­culos que constituyen a la declaración se encuentra el reconocimiento de «pueblo» y no de poblaciones o comunidades, como se les reconoce comúnmente.

La definición de un pueblo, según Sacalxot incluye el respeto a la formas jurí­dicas, educativa y culturales de las personas que poseen orí­genes mayas, así­ como la «autodeterminación» que les permite incidir directamente en las disposiciones que se tomen dentro de sus comunidades.

Historia de exclusión

Celso Lara, conocedor de la historia de Guatemala, asegura que la discriminación en América se inició con la llegada de los españoles, que desde el principio tuvieron un concepto de superioridad de su existencia con respecto a los naturales, debido a que en la región ibérica habí­a un nivel superior de desarrollo.

Luego de la Conquista, que se logra en 1524, cuando se origina el mestizaje de las razas que convivieron en la misma región, continuó la misma tendencia de discriminación hacia los pueblos indí­genas por parte de los españoles, criollos y mestizos, que siempre se opusieron a reconocer su derecho a una vida digna.

Durante la Revolución, en 1871, la marginación se acentuó con el ingreso al paí­s de extranjeros provenientes de Alemania, Bulgaria, Bélgica, y otros paí­ses europeos que utilizaron a los indí­genas como la fuerza de trabajo principal para la explotación de las fincas cafetaleras.

Lara explica que la discriminación hacia el pueblo indí­gena siempre ha estado presente desde la venida de los españoles y continua hasta el presente, sin embargo, ha habido significativos avances en el tema de derechos humanos, como la oportunidad de Rigoberta Menchú para ganar el Premio Nobel de la Paz en 1992, con lo que consiguió el reconocimiento internacional de la situación que enfrentan los indí­genas en el paí­s.

Finalmente, Lara asegura que se deben iniciar con polí­ticas que respalden la educación y cultura con una visión integral de nación basada en la multiculturalidad del paí­s dirigida a las futuras generaciones.