Declaración de Derechos Humanos, documento vigente


Poner al dí­a la conciencia moral de los seres humanos es un objetivo básico de la Declaración Universal de Derechos Humanos desde su aprobación por la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas (ONU) el 10 de diciembre de 1948. En esa ocasión, ninguno de los paí­ses miembros votó en contra, aunque se registraron ocho abstenciones, la mayorí­a de las naciones socialistas y, cincuenta y siete años después, continúa vigente.

Carlos Cáceres
ccaceresr@prodigy.net.mx

En el preámbulo de la Declaración Universal de Derechos Humanos se establece, entre otros factores, la necesidad de impulsar relaciones amistosas entre las naciones y, junto a este hecho, la libertad como base de la dignidad y derechos inalienables de todos los integrantes de la familia humana. En la comunidad internacional, el menosprecio a los derechos humanos origina actos de barbarie ultrajantes para la conciencia de la humanidad.

En la actualidad, guatemaltecos y guatemaltecas promueven valores como la democracia y justicia, con el propósito de fortalecer el respeto a la vida de ciudadanos y ciudadanas. Su inmediata implicación se encuentra al impulsar una cultura de paz para anular cualquier posibilidad de confrontación social violenta y la destrucción del ambiente. Esta realidad coloca a la Declaración Universal de Derechos Humanos como referente socio-polí­tico y lenguaje de ciudadanos y ciudadanas de Guatemala.

Al celebrarse los 61 años de la Declaración Universal de Derechos Humanos puede afirmarse: su vigencia se encuentra en la protección que proporciona a mujeres y hombres porque sus principios son inherentes a la naturaleza humana y, sin ellos, no puede vivir ninguna persona.

En el libro Estado de derecho y derechos humanos, el joven investigador guatemalteco Luis Ernesto Cáceres Rodrí­guez, afirma que el pleno respeto a los derechos humanos se encuentra inmerso en el diseño constitucional de un estado democrático el cual, con un enfoque incluyente y participativo del ejercicio del poder polí­tico y la toma de decisiones, garantizará el perfeccionamiento de la ciudadaní­a.

Consolidar el proceso de democracia y paz en Guatemala, permite erradicar cualquier signo de violencia. Junto a este hecho, es necesario destacar la permanente actividad de la sociedad civil guatemalteca para consolidar la tolerancia y pluralidad, pues son principios que permiten un mayor nivel de convivencia y debe garantizarse su práctica institucional. Considerando esta situación, en la Declaración Universal de Derechos Humanos adquiere relevancia la presencia de valores que permiten construir una sociedad moderna cuya base es la solidaridad humana.

Es obligación de cualquier Estado tener como polí­tica de especial prioridad el respeto a la Declaración Universal de Derechos Humanos, en lo esencial, porque establece la igualdad de todos los seres sin hacer distinciones e indica que cualquier discriminación contra la mujer es incompatible con el bienestar de la familia. Su plena aplicación permitirá afianzar la integración de hombres y mujeres en una nación libre e independiente, lo que permitirá a la sociedad vigilar el cumplimiento de las acciones encomendadas a sus gobernantes.

La Declaración Universal de Derechos Humanos es un documento que ubica a guatemaltecas y guatemaltecos desarrollándose en comunidad, lo cual implica reconocer los esfuerzos que diversos sectores sociales realizan en Guatemala para lograr la unidad nacional y reforzarla mediante la presencia del Estado de Derecho; es decir, respeto a la Constitución Polí­tica guatemalteca, separación de los poderes del Estado, control de la administración pública, libre sufragio y, en lo esencial, no colocar ningún obstáculo a los derechos humanos.

Al celebrarse en el mundo los 61 años de la Declaración Universal de Derechos Humanos puede afirmarse: su vigencia se encuentra en la protección que proporciona a ciudadanos y ciudadanas porque sus principios son inherentes a la naturaleza humana y, sin ellos, no puede vivir ninguna persona.