Decir la verdad


El Ministro de Gobernación ofreció declaraciones el pasado dí­a 15 de septiembre explicando lo ocurrido en Tikal Futura como un operativo de seguimiento que hací­an las autoridades contra un narcotraficante al que pretendí­an capturar. Los hechos están demostrando que al Ministro lo engañaron los jefes de policí­a que le brindaron la información, porque todo indica que la participación policial en el caso tení­a más indicios de acto criminal que de intención por ejercer control sobre los delincuentes.


Las autoridades, ávidas de éxitos y resultados en materia de seguridad y de control de las bandas criminales, vieron la oportunidad de pintarle un chaleco a toda la ciudadaní­a y hacer de un limón una limonada con los suceso de Tikal Futura, puesto que es obvio que al menos uno de los agentes estaba al servicio de los narcos y que embaucó a sus compañeros cuando vio el peligro y pidió refuerzos, como si su actividad fuera realmente lí­cita.

Desde el principio la DEA, agencia federal de Estados Unidos en el combate al narcotráfico, dijo que en Tikal Futura habí­a ocurrido un enfrentamiento entre grupos de narcos y, evidentemente, eso fue lo que ocurrió. Pero con las declaraciones del Ministro de Gobernación todo se enreda porque resulta que hasta implican en actividades delictivas a un pastor que recién habí­a llegado a Guatemala y quien era el propietario de la camioneta agrí­cola despedazada a tiros y que según la PNC era de un narcotraficante.

Además de quitarle la vida a esa persona no vinculada con el narcotráfico, lo difamaron afirmando que era miembro de la banda criminal. Del carro se vio a agentes de la PNC retirando una Biblia, sin que las tomas de televisión mostraran ningún arma, no obstante lo cual las autoridades dijeron que adentro de la camioneta habí­a fusiles.

La Policí­a Nacional Civil tiene poca credibilidad y no tiene confianza de la población, pero ocultar los hechos y distorsionarlos no hará que la gente recupere la confianza. Por el contrario, la verdad tarde o temprano reluce y cuando eso ocurre ya no sólo la PNC carga con el desprestigio, sino que se lleva entre las patas a las autoridades que en su momento salieron en defensa de un operativo que tiene más planta de ser un tumbe de droga o un acto de complicidad de agentes policiales con los narcotraficantes que de una acción para imponer la ley en el paí­s.

El ministro Menocal tiene que rectificar y exigir que sus subalternos le digan la verdad y que dejen de embaucarlo con versiones que al final lo dejan en ridí­culo y comprometen a todo el gobierno por esa actitud de querer presumir de resultados que no son como los pintan.