Una profunda decepción abrumó a los partidarios de la franco-colombiana Ingrid Betancourt nada más enterarse de que el premio Nobel de la Paz no había sido atribuido a la ex rehén de la guerrilla colombiana de las FARC, echando por tierra todas sus expectativas.
«Estamos muy decepcionados. Es una muy mala noticia para Ingrid (Betancourt) y una mala noticia para los rehenes y la paz en Colombia», afirmó el vicepresidente de la Federación internacional de los comités solidarios (FICIB), Olivier Roubi, cuando supo que el galardón era para el finlandés Martti Ahtisaari.
Tan convencidos estaban los hinchas de la ex rehén de que el premio Nobel sería para ella que habían reservado una sala en uno de los más lujosos hoteles de París para una conferencia de prensa.
«Para facilitar el trabajo de los periodistas» y para que todos puedan tener sus primeras impresiones de la ganadora del galardón, había explicado la FICIB.
«Nos habría gustado que el comité de los Nobel reconociese, mediante el premio, los años de movilización internacional en favor de los rehenes en Colombia», comentó Olivier Roubi.
«Si el Nobel hubiese sido para el disidente chino Hu Jia, lo habría comprendido. Habría sido una opción valiente… pero Martti Ahtisaari, estamos lejos de Mandela o del Dalai Lama», comentaba una joven, militante desde hace años en los comités de solidaridad con la franco-colombiana, que pidió mantener el anonimato.
El comité «Agir avec Ingrid» no sólo había convocado, también, una conferencia de prensa sino que llegó a emitir bajo embargo un comunicado explicando el significado de un galardón con el que contaba para la franco-colombiana.
«Atribuyendo el Premio Nobel de la Paz a Ingrid Betancourt, el comité Nobel decidió enviar un mensaje fuerte a los secuestradores y a los terroristas que juegan impunemente con la libertad de todo ser humano», decía el comunicado preparado con antelación.
«Este Nobel de la Paz debe invitar a los poderosos de este mundo a que reflexionen, pues la toma de rehenes se convierte poco a poco en el flagelo del siglo XXI», añadía.
Ingrid Betancourt «encarna hoy el drama internacional de los rehenes», estimaba el comité.
Más allá de las divergencias que oponen a «Agir avec Ingrid» y el FICIB, las dos organizaciones coincidían en estimar que un Nobel de la Paz no habría recompensado únicamente a la ex candidata presidencial sino que habría dado una nueva dimensión al drama que viven los rehenes.
Después de pasar más de seis años en poder de la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), Ingrid Betancourt fue liberada el 2 de julio por el ejército colombiano.
Desde entonces Ingrid Betancourt, que reside en París y no ha vuelto a Colombia porque se considera «un objetivo militar» para la guerrilla, ha llamado a la movilización en favor de los rehenes y anunciado la futura creación de una fundación para los secuestrados y la paz.
El ministro serbio de Relaciones Exteriores, Vuk Jeremic, citado hoy por un diario serbio, calificó de «escandalosa» la decisión de otorgar el Premio nobel de la Paz al ex presidente finlandés Martti Ahtisaari, criticado en Serbia por su papel como mediador en Kosovo.
«Personalmente, pienso que esta decisión es escandalosa», afirmó el canciller serbio, citado por el diario Vecernje Novosti.
Hasta ahora, los responsables serbios no se han pronunciado sobre el premio otorgado a Ahtisaari, una actitud que refleja su opinión al respecto.
En Serbia se considera que ha sido parcial, en favor de los kosovares albaneses, y que Martti Ahtisaari no logró que serbios y albaneses alcanzaran un acuerdo sobre un nuevo estatuto para Kosovo.
En 2007, Ahtisaari decidió dejar de esforzarse en esta mediación y el 17 de febrero de 2008 Kosovo proclamaba unilateralmente su independencia.
Belgrado considera que Kosovo sigue siendo una provincia serbia.