Decepción permanente I de II


Los guatemaltecos nos hemos acostumbrado a ver las conductas más irracionales, estúpidas, tontas, ilógicas e ingenuas por parte de los diputados, funcionarios de los gobiernos pasados y el de turno, alcaldes, religiosos de todos los colores, jueces y magistrados, comerciantes, transportistas, gremio magisterial, polí­ticos y pueblo en general.

Fernando Mollinedo
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Lo anterior deviene de las declaraciones de: Vicepresidente de la República al referirse a su trabajo especí­fico presidiendo la Comisión pro transparencia; Ministro y Viceministro de Salud al referirse a los casos de la gripe porcina en Guatemala, queriendo ocultar la verdad para presentarse como autosuficientes y además muy competentes para prevenir la misma; y los magistrados de la Corte Suprema de «Justicia» quienes al final de la jornada perdieron el poco respeto que les tení­a la sociedad.

El Contralor General de Cuentas de la Nación, quien no podrá usar zapatos de charol para que se le reflejen sus atributos, porque su conducta mansa lo ubica en «dejar hacer… dejar pasar?»; el Procurador de los Derechos Humanos, quien también ha dejado decepcionada a la sociedad guatemalteca, por: 1) las acusaciones -al parecer fundadas- de haber entorpecido, manipulado, cercenado, omitido, obstruido, un informe originario de los Archivos de la antigua Policí­a Nacional; lo cual minó de manera rotunda y profunda la credibilidad en su actuar como uno de los últimos baluartes sociales que hablaban y decí­an la verdad.

El presidente ílvaro Colom al haber ordenado el traslado de responsabilidad del archivo de la antigua Policí­a Nacional al Ministerio de Cultura, porque allí­, los ex integrantes de las hordas, bandas, gavillas, escuadrones de la muerte, oficiales del ejército, policí­as, ministros de gobernación, PAC, directores de la Guardia de Hacienda y PN podrán recurrir de manera fácil al cohecho y corrupción para asegurarse de «desaparecer» los documentos y/o informes que los incriminen en su pasado delictivo como verdugos (léase: asesinos) de la sociedad.

Los jueces y juezas que con sus fallos «retorcidos» demuestran que «don dinero» -aunque no se les pueda probar- no sólo compra voluntades transformadas en fallos en todas las jerarquí­as, también para «desaparecer» expedientes judiciales; los autodenominados «operadores de justicia» del Ministerio Público en todas sus categorí­as, como unos verdaderos magos para cambiar, omitir, crear, modificar, sustituir, agilizar y/o analizar las pruebas que recaban a cambio de la solidaridad de «hoy por mi, mañana por ti».

La palabra DECEPCIí“N deriva del idioma latí­n, de la palabra deceptio, -onis.; y significa: Pesar causado por un desengaño. Engaño, falta de verdad en lo que se hace, dice o piensa.