Decepción ante la política de guerra


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“El Presidente Obama debería devolver el Premio Nobel de la Paz porque no se lo merece”, fue la demanda que centenares de ciudadanos de Estados Unidos hicieron el pasado lunes, al participar en una manifestación de contundente rechazo a la guerra contra Siria, bajo el pretexto de la supuesta utilización de armas químicas por parte del Gobierno de ese país en contra de sus opositores.

Félix Loarca Guzmán


La marcha se llevó a cabo frente a la Casa Blanca y el edificio del Capitolio en la ciudad de Washington, D.C., en  una clara demostración del sentimiento del pueblo norteamericano en contra de la política guerrerista y de intervención de Estados Unidos en los asuntos de otros Estados.

Al respecto, las cadenas internacionales de televisión han revelado que más del 60 por ciento de la opinión pública de Estados Unidos no está de acuerdo con la  nueva guerra, y en cambio cree que ese país debería respetar el Derecho Internacional. 

También es muy significativo que numerosos congresistas norteamericanos tanto republicanos como demócratas, se oponen a  esta  aventura bélica porque están convencidos que Siria no es una amenaza para la seguridad de Estados Unidos, y porque además, una guerra cuesta millones de dólares, que bien se podrían destinar para escuelas y otros servicios en beneficio del pueblo especialmente en un período de crisis como el que actualmente afronta la economía.

Muchos analistas opinan que el gran error de algunos gobernantes de Estados Unidos ha sido creer que “su democracia” no tiene alternativa. Los últimos 60 años de intervenciones y guerras promovidas por Estados Unidos han sido un fiasco.

Las guerras  no han resuelto nada y han dejado a los países invadidos como territorios devastados.  Ahí están los casos de Guatemala en 1954 y los recientes de Irak y Afganistán.   En estos tres escenarios, los gobernantes norteamericanos utilizaron la mentira para justificar la intervención armada. 

Mientras en el mundo se están multiplicando las voces del Papa Francisco y de   muchos dirigentes en defensa de la paz, algunos Presidentes como el de Guatemala apoyan a Estados Unidos en su intento de atacar Siria. Quizá  lo hacen por miedo, o por estar muy supeditados a los intereses estadounidenses.

Según algunas informaciones, de los gobiernos de alrededor de los 200  países que existen en el mundo, solo 33 han expresado su apoyo a la guerra contra Siria.   Cuando estaba concluyendo la redacción de esta columna, se conoció en Guatemala la versión que el Presidente Obama había empezado a ceder a favor de una solución diplomática en lugar de la vía militar atendiendo una propuesta del Presidente de Rusia, Vladimir Putin. Ojalá que el gobernante norteamericano cobre conciencia que la guerra no es la solución a los problemas políticos y que el derecho a la vida tiene que ser defendido a toda costa.