«Debo mantenerme prudente y humilde»


El español demostró estar en forma y respondió con contundencia a las dudas.

El español Rafael Nadal, de 22 años, logró ayer su sexto tí­tulo de Grand Slam al ganar por primera vez el Abierto de Tenis de Australia, y, fiel a su estilo, señaló que debe mantenerse «prudente y humilde».


Con cuatro tí­tulos de Roland Garros y otro de Wimbledon en su palmarés, para el joven balear la final ganada ante el suizo Roger Federer significó su primer gran tí­tulo de Gran Slam sobre superficie dura.

«Estoy muy contento con estos seis tí­tulos. Por supuesto, intentaré ganar alguno más, pero he aprendido hasta qué punto es difí­cil ganar un torneo así­. Cuando gané el primer Roland-Garros, no sabí­a si habrí­a algún otro. Debo mantenerme prudente y humilde (…) Este tí­tulo es muy importante, pero no soy mejor jugador que hace cinco horas», enfatizó el tenista de Manacor.

En cuanto a sus sensaciones, destacó la importancia de haber ganado en una pista que no fuera de polvo de ladrillo (también lo hizo en el rápido césped de Londres).

«Tengo un sentimiento muy especial. Era mi sueño ganar un Grand Slam sobre pista dura. Toda mi vida he trabajado para jugar mejor en otra superficie distinta a la tierra batida. Estoy muy contento y emocionado», explicó.

Como es habitual, también compartió la decepción de su derrotado, a quien respeta mucho y considera el mejor jugador de todos los tiempos.

«Lo lamento por Roger. Es algo muy cruel para él. Es el mejor jugador que he visto en mi vida. Mi tí­o (y entrenador) siempre me dijo que el mejor era (el australiano) Rod Laver, porque logró el Grand Slam en dos ocasiones. Puede ser, pero Roger ha aportado mucho a este deporte. Es un gran campeón, es el mejor», afirmó.

El español reconoció que llegó muy cansado a este partido y con molestias en un muslo tras su arduo triunfo ante su compatriota Fernando Verdasco.

«Todaví­a no he podido saborear el triunfo. Estaba muy cansado, en el vestuario la cabeza me daba vueltas. Tras la semifinal con Verdasco me quedó el muslo muy duro. Durante el partido no llegué a sentir calambres pero estaba preocupado», reconoció al tiempo que agradeció a su kinesiólogo.