Debiéramos evitar tantas malas costumbres


No sé si por el relajamiento, desidia, irresponsabilidad de nuestras autoridades o por culpa de cada quien, la población ha ido cambiando para mal lo establecido, por ejemplo, aquel precepto de entrar a un lugar por la mano derecha y salir por el mismo lado, es ahora para los jóvenes cosas de viejos pues, dicen ellos que da lo mismo hacerlo por donde a uno se le antoje. Pues fí­jense que no, por incumplir esa buena costumbre ocurren encontrones al salir de un templo o de una sala de espectáculos y cosa similar, cuando al conductor de un vehí­culo transitando por el carril del lado derecho de una ancha calzada, se le ocurre atravesar toda la ví­a para cruzar a la izquierda y es capaz de preguntarle al ajustador de seguros ¿quién dice que eso no se puede hacer?

Francisco Cáceres Barrios

Pero las malas costumbres o malos hábitos no quedan solo en accidentes entre peatones o automovilistas sino que van mucho más allá. Tenemos el caso de los vigilantes de parquí­metros que sin esperar que se venza el tiempo ya pagado por el usuario, le extienden tranquilamente una boleta por la falta de pago del parquí­metro y si se descuida, hasta le colocan el respectivo cepo. ¿No le ha tocado ir al banco con el dinero y los papeles listos para hacer su depósito y cuando por fin llega a la ventanilla, el fulano que va delante de usted se pone a contar el dinero, separar los cheques del efectivo y a llenar la boleta correspondiente, tomándose el tiempo más del necesario?

Unos le llaman a esto mala educación, otros haraganerí­a o desorden y hay quienes aseguran que lo hacen por el prurito de fastidiar a la demás gente. No puedo precisar exactamente a qué se deben estas y tantas más feas costumbres, pero de lo que sí­ estoy seguro, es que cada vez abundan más quienes las cometen, desde pasarse el semáforo en rojo, tirarle la carreta encima en el supermercado, no respetar las elementales normas de tránsito, hasta no guardar la debida compostura cuando asisten a un oficio religioso, olvidándose de apagar el celular que suena de tal forma que a los cientos de asistentes les resta la devoción necesaria.

Dice una sabia sentencia que cuando se hace una crí­tica deben darse paralelamente fórmulas para solucionar el problema que se señala, pero en este caso no encuentro más que el propósito de enmienda apareada de la buena educación, para que no sigamos siendo una sociedad que hasta en lo más sencillo confronta, discute, pelea y hasta pierde la buena compostura. Por ejemplo, ¿qué le costarí­a a usted, quitarse la fea costumbre de ponerse a tocar la bocina del carro insistentemente para advertirle a la familia que ya lo sacó del garaje y que los está esperando en la calle bajo el inclemente estado del tiempo?