Debiéramos crear un frente contra los chapuces


Ya se volvió costumbre en Guatemala intentar resolver los problemas que nos afligen a través de chapuces o lo que es lo mismo, antojadizas medidas tomadas a rajatablas de corto plazo, más que todo coyunturales que no atacan las raí­ces de cada dificultad o mal funcionamiento dejando de lado el bien común. Si bien es cierto que cuando se deteriora una cinta asfáltica por su uso constante no es necesario quitarla y sustituirla por una nueva, sino que puede repararse a través del bacheo, eso no significa que todos los problemas que tiene nuestra desornada y caótica ciudad capital puedan resolverse empleando el mismo procedimiento.

Francisco Cáceres Barrios

Prohibir, reducir o limitar la libre circulación del transporte pesado, en busca de evitar la congestión de vehí­culos automotores en nuestras calles, avenidas y calzadas, no fue, ni es una solución a fondo, mucho menos racional a largo plazo, dejando de lado la serie de inconvenientes, pérdidas financieras y dificultades que ello representa para el sector productivo del paí­s que quieran o no, es sumamente importante para nuestra economí­a, por ser el generador de ingresos fundamentales para su desarrollo y progreso.

Claro, decir que los camiones pesados no van a ingresar a la ciudad, sino hasta determinada hora o que podrán hacerlo exclusivamente en la noche o en la madrugada, no sólo es una torpeza que cae entre lo absurdo e inconcebible, sino que no resuelve el problema y genera otra crisis más de las que vaya si no tenemos una detrás de la otra. Eso, aparte de miopí­a, refleja una ignorancia crasa de urbanismo, como fue la solitaria disposición de prohibir el estacionamiento en las calles del Centro Histórico de la ciudad, lo que al poco tiempo después se dio marcha atrás, al percatarse que no sólo causaba más vehí­culos dando vueltas alrededor de una manzana buscando dónde estacionarse, como que no mejoraba la circulación. Las medidas para mejorar el tránsito de vehí­culos en las ciudades no deben circunscribirse a hacer solo lo más fácil, como poner cepos a diestra y siniestra u obligar a los generadores de riqueza, que requieren de vehí­culos pesados para movilizar sus productos y servicios a que no los usen. Ha sido funesto comprobar que las inmaduras rencillas personales entre dos funcionarios que debieran servir y no dañar a la sociedad a la que se deben, no les ha permitido en cuatro años sentarse a planificar, discutir y alcanzar consensos como estadistas hasta encontrar soluciones de corto, mediano y largo plazo. De chapuces, estamos hasta el copete, como de la politiquerí­a que nos sigue llevando a pagar las consecuencias de la improvisación, en vez de buscar soluciones de fondo por ejemplo, la del Anillo Periférico Metropolitano que tanta falta hace. ¿Hasta cuándo?