Todo parece indicar que en Guatemala perdimos el valor y la certeza desde hace rato. Nací, crecí y me desenvolví hasta llegar a la edad adulta con normas bien claras y precisas. Entre otras, aprendí que “quien la hace la paga”, es decir que quien comete un delito, debe someterse a juicio imparcial y si resultare condenado, incluso con la pena de muerte, ésta debe cumplirse.
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Pero los valores y principios fueron cambiando desde la llegada de los mentados “derechos humanos”. No, no me quejo, todo lo contrario, aplaudo esas conquistas logradas sin embargo, sigo manteniendo siempre la misma duda o pregunta: ¿cuáles derechos humanos deben prevalecer, los de las víctimas o los de los victimarios?
Somos muchos los que mantenemos la misma inquietud y vino a incrementarla nuestro Presidente cuando intempestivamente se le ocurrió proponer despenalizar las drogas, asunto que aún sigue sin definirse, sin delinear puntualmente el contenido de la propuesta. Ayer, ante la captura de Alejandro Jiménez, alias El Palidejo, supuesto autor intelectual del atentado que produjo la trágica muerte del cantautor Facundo Cabral, me fui de espaldas cuando supe que había tenido que regresar el avión que lo traía desde Colombia a Guatemala, pues el gobierno de Costa Rica había exigido la garantía previa para que en nuestro país, no se le aplicara la pena de muerte. ¿Qué tal? Alguien podrá aclararme ¿quién autorizó entonces al susodicho ordenar quitarle la vida a un ser humano y con ello haber causado tremenda conmoción al mundo entero?
Es obvio que las cosas han ido de mal en peor. El colmo fue cuando nuestra Fiscal General, para poder cumplir con los deberes que le impone nuestra Constitución, tuvo que enviar un correo electrónico al gobierno costarricense para garantizarle que don Palidejo podía venir tranquilo, que aquí, a él sí se le garantizaba la vida, contradiciendo lo que claramente determina nuestra Carta Magna. Saben ¿Por qué? Porque entre nosotros no es punible hasta que cualquier infeliz pueda meterle un par de tiros a una persona, a plena luz del día, en el Parque Central, para robarle su celular, que rapidito saldrá nuestra Fiscal General a garantizarle la vida y todo, porque así se les ocurrió a nuestros delegados para que en mala hora firmaran un convenio internacional, cosa que muy bien podrá servirle a otros países sin la misma cultura, formación, educación e idiosincrasia nuestra. Así las cosas, ante tal fuerza de la delincuencia seguramente seguirá imperando la injusticia.
Si queremos cambiar tal situación no hay otra salida más que actuar con valor y firmeza, asidos de principios y valores. Es oportuno recordar la célebre arenga que Hernán Cortez hizo a su ejército de no más de 700 hombres en la Isla Cozumel antes de emprender la conquista de México: “Del valor de cualquiera de nosotros se ha de fabricar y componer la seguridad de todos”.