Hace muchos años, o sea desde cuando nos trasladamos de la urbe capitalina a un lugar del municipio de Mixco, nos hemos dando cuenta que, a pesar de la proximidad de dicho lugar (Mixco) respecto de la aludida metrópoli principal del país, hay aldeas y colonias que, en vez de avanzar, permanecen estancadas o en plena situación de atraso como en tiempos primitivos en varios aspectos.
Hay comités y asociaciones pro mejoramiento de condiciones prevalecientes en numerosas aldeas y colonias (incluso en la no hace mucho oficialmente declarada ciudad de Mixco) que vienen como proejando para que se dote a esos sectores -casi por completo abandonados a su suerte- de lo que necesitan sus habitantes para vivir con dignidad; es decir, con lo que exigen los días que estamos viviendo en el siglo XXI.
Las autoridades municipales de la jurisdicción, o es que no cuentan con los recursos financieros necesarios, o bien no están en disposición de prestar atención a lo que demandan las comunidades carentes de las obras que necesitan, muchas veces con urgencia. Un alcalde como Arzú ya hubiera remozado el abandonado sector.
En toda la zona 2 de Mixco (oportuno es decir que la mayoría de vecinos de varias colonias la sitúan aun dentro de la zona 11 de la capital) hay varias colonias que, relativamente, registran algún progreso; por ejemplo: tienen drenajes, calles asfaltadas (no pocas cuajadas de baches), alumbrado público a medias, etcétera; empero, otras (colonias) presentan panoramas diferentes y desalentadores, porque no ha habido realizaciones positivas (las que se requieren para que los moradores puedan vivir sin problemas de falta de drenajes, sin calles desastradas, con problemas atentatorios contra la salud por los pozos ciegos -de aguas negras- que se rebalsan frecuentemente; con bloqueos donde se necesita atravesar vías de intenso trajín para evitar largos recorridos, entre otros trabajos de propios del urbanismo.
El actual alcalde del citado municipio ha trabajado selectivamente en algunos lugares de sus dominios, pero por más que se le haya pedido mejorar las condiciones de no pocas aldeas y colonias, las gestiones han sido infructuosas, y eso no deja de provocar frustración y desencanto entre millares y millares de vecinos formal e informalmente establecidos.
La Colonia Cotió, zona 2 de Mixco, es una de las muchas que no han merecido, siquiera, un piochazo, ni un escobazo, mucho menos drenajes, luego el arreglo de las calles que son un completo desastre que llora sangre. Las lluvias que están cayendo actualmente -verbigracia- han formado tremendos lagunajos. ¡Qué penosa situación!
El Alcalde ha visto con propios ojos ese lamentable estado de cosas de la Colonia Cotió, porque la estuvo visitando hace como dos años, pero hasta hoy no se realizado la obra que urge para que la gente pueda vivir a la altura de las circunstancias. Como que el hecho de ser pequeño el sector constituye un «pecado» que, para los político-partidistas, no puede tener los votos que persiguen para escalar los peldaños de la codiciada escalera burocrática.
Cuando el susodicho alcalde visitó la Colonia Cotió ofreció hacer los drenajes y arreglar las calles, mas únicamente mandó a inspeccionar el sector con operadores de teodolito, y eso fue todo. Entre el vulgo suele decirse que de ofrecimientos está cuajado el mundo…
Son quisquillosos y se creen intocables como la nariz de santo ciertos munícipes que van a horcajadas del cuadrúpedo, pues una simple información sobre que no se ha hecho cualquier trabajo indispensable para la comunidad, se considera como un «ataque» (¡?!!!), lo cual mueve a pensar que son políticos impolíticos; ignoran que como hombres u «ombres» públicos tienen que estar expuestos a la crítica de los ciudadanos comunes y corrientes (no sólo de los periodistas). Si creen lo contrario, o sea que no están sujetos a la fiscalización de sus actos, pues? ¡qué le vamos a hacer!
Conste que no estamos aludiendo sólo a los actuales responsables de la actividad municipal de Mixco, sino a todos los que han hecho turno en los puentes de mando a lo largo de más de medio siglo en esa «ciudad», cuya topografía da la impresión de una acrópolis, dada su anfractuosidad, y ocasiona toda una serie de problemas, comenzando por el estacionamiento de vehículos, la instalación de comercios callejeros y formales. Lograr un simple espacio para el aparcamiento vehicular es un vía crucis, porque hay que dar vueltas y revueltas exponiéndose a la acción de los cristaleros y demás maleantes que merodean por todos lados.
Interesa, realmente, que más que una mera preocupación de las condiciones calamitosas de muchas aldeas y colonias de la concreción municipal de Mixco, se realicen los trabajos que urgen las comunidades afectadas por tan deplorables como inexplicables e injustificables condiciones de atraso. Mixco está ya en las goteras de la capital.