cesarguzman@yahoo.com
Constantemente estamos diciendo que es en todo hay un lado bueno y otro que es malo, que hay cosas correctas e incorrectas y que por lo mismo la humanidad se divide en buena y mala.
Pero ¿a qué lado pertenecemos nosotras? ¿Quién nos ha nombrado jueces para separar a los buenos de lo malos? ¿De qué lado me colocaría yo? ¿De qué lado me colocarían los demás?
Conviene plantearse estas interrogantes, porque cuando simulamos hacer un examen de nuestros actos nos conideramos ser menos malos que los demás y llegamos a la conclusión de que quienes deben cambiar su forma de pensar o de actuar son ellos, ya que nosotros creemos estar actuando con toda propieadd. Calificándolos a ellos somos en extrmeo minuciosos y rígidos, pero al simular juzgarnos a nosotros mismos somos blandos y nuestros defectos los consideramos pequeñeces ante los que vemos en los demás.
Pero si nuestras deficiencias las colocáramos en ellos, valdría la pena preguntarnos con toda sinceriad si las seguiríamos viendo igual de insignificantes o nos escandalizaríamos por su gravedad.
Cuidado, nadie nos ha nombrado jueces de la vida de otros ni se nos ha dado el diploma de perfectos. No pretendamos ser rígidos acusadores de otros, no vaya a ser que cuando Dios venga como Unico Juez nuestra severidad sea aplicada en nosotros mismos.
Que nuestros juicios sean de tal modo cuidadosos, que no condenemos a otros por faltas menores que las nuestras.