¿Debemos confiar?


La confianza se refiere a creer en algo o en alguien más, nos propicia nuestra autoestima, el establecimiento de relaciones humanas, la afiliación a determinado grupo, la identificación con simbolismos, la creencia de que en determinada interacción social habremos de estar resguardados, protegidos y cuidados. Confiar es saludable,  el aprender esta actitud nos ayuda a estar abiertos a la vida y a las personas.  La expresión de desconfianza constituye un elemento importante en el advenimiento de algunos desórdenes psiquiátricos. Pero no siempre es oportuno confiar.

Dra. Ana Cristina Morales Modenesi
crismodenesi@gmail.com

La formación de este valor y actitud es complicada  y si bien es cierto, la primera fase para su constitución  ha sido descrita desde los primeros años de vida. La misma continúa conformándose a través del tiempo. Además, no solo cuenta lo interno, sino que, nuestras experiencias  y el predominio de una tendencia de relación dentro de los ambientes que nos rodean; familiar, educativo, laboral, social, espiritual, entre otros.

La confianza, la esperanza y la fe son conceptos afines y se relacionan entre sí­.  De tal manera que la fe no puede pretender existir sin la presencia de las otras.  También a la confianza se le ha dado un concepto pasivo de creer; mientras tanto, la esperanza ha sido vista como la forma activa, o sea la dada por vivir en esta acción.

La credibilidad se deteriora cuando nos encontramos defraudados ante vivencias inesperadas, que puede ser que al cabo del tiempo, sean esperadas.  Si estas últimas se tornan dañinas, con poco respaldo entre lo dicho y lo hecho y aun pueden manifestarse de manera repetitiva. Por qué continuar sosteniendo una espera.

Ejemplos de pérdida de confianza: Cuando como hijo se espera la respuesta afectiva de uno de los padres y esta nunca llega, al depositar ahorros en equis banco y estos son robados, cuando el discurso de alguien es uno y este se rompe en la práctica de vida, cuando alguien promete y no cumple y así­ encontramos otros más.

La confianza y su ejecución práctica, la esperanza, la observamos entre variadas expresiones: cuando un niño comienza a dar sus primeros pasos, se cae, se vuelve a caer y llega el momento en que camina. Cuando entre familia se tiene la certeza de que se procuran lo mejor y se sabe que nada malo puede provenir dentro de esta relación.  Cuando un hijo a solicitud de un padre es capaz de lanzarse al agua con el convencimiento de que él se encuentra allí­, por lo tanto, nada puede pasarle.  Cuando lo esperado y/o prometido se ha cumplido casi como ley.

Pero confiar sin medida y no analizar las repercusiones prácticas de ello también nos conduce a problemas.  Podemos pasar a ingenuos tontos y permitir mantener  en el mismo lugar a personas e instancias que nos han colocado en una situación de desventaja y se han aprovechado de que seamos crédulos.

Para dar paso a la confianza y a la esperanza las personas han de sentirse respetadas, con muestras de interés por el conocimiento de quiénes son y cuáles son sus pretensiones y/o preocupaciones. Así­ como,  la existencia de una  manifestación auténtica de facilitar o por lo menos no entorpecer acciones que ayuden a su bienestar.

La confianza, la esperanza y la fe se observan hacia nuestro interior, hacia la relación con los demás y hacia nuestro sistema de creencias (en el predominio de la cultura judeo/cristiana – la existencia de Dios).  

El trabajo enfocado para el logro y/o fortalecimiento de la confianza va dirigido hacia nuestra propia autoestima.  No hemos de olvidar que confiar es necesario en la vida, sin embargo, no serí­a pertinente  el otro caso. Convertirnos en tontos crédulos. JORNADA DEL PERDON: Inscripciones e información a los teléfonos: 23857707/08