El primer ministro británico, Gordon Brown, recibirá mañana a varios dirigentes europeos en Londres para discutir de la crisis financiera mundial.
A la cita en la capital británica acudirán la canciller alemana, Angela Merkel, el presidente francés, Nicolas Sarkozy, y el primer ministro italiano en funciones, Romano Prodi, acompañados por el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso.
En el centro de la reunión estarán el papel de los bancos dentro de la economía mundial, sus riesgos o su derecho a la confidencialidad bendecido por los agentes que otorgan buenas notas a productos bancarios complejos vinculados a activos arriesgados como fue el caso de los créditos inmobiliarios de riesgo en Estados Unidos (subprime).
Dos escándalos recientes ilustran perfectamente estos riesgos.
En el banco francés Societé Générale, un fallo en los sistemas de control permitió a un corredor arriesgar hasta 50 mil millones de euros en operaciones no autorizadas en el mercado de productos derivados, lo cual provocó una pérdida total de 4.900 millones de euros (7.100 millones de dólares) a la entidad financiera.
La fiscalía de París, que abrió un expediente judicial por «falsificación» podría decretar la prisión preventiva para este osado «broker», de 31 años, llamado Jerome Kerviel.
Otro escándalo casi provocó la quiebra del banco británico Northern Rock, que tuvo que pedir a gritos la ayuda del Banco de Inglaterra en septiembre pasado debido a la falta de créditos.
Por otra parte, grandes bancos como Citigroup o Merrill Lynch lanzaron un SOS a los fondos gubernamentales de los ricos países emergentes como Singapur, Kuwait, Emiratos o China para fortalecer sus propios fondos, una práctica que comienza a preocupar a los expertos.
El ministro británico de Finanzas, Alistair Darling, predica el retorno a las bases. «Hay días en los que el viejo banco tradicional no es una idea tan mala», declaró en noviembre.
La reunión de mañana presentará la cuestión de manera más abstracta: transparencia, gobernanza y regulación.
En el primer punto, todos están de acuerdo. «Es hora de pedir transparencia, nuestras reglas en el sistema financiero mundial y nacional, de preferir prestar dinero a aquel que crea riqueza y no a aquel que quiere comprar para especular», declaró Sarkozy durante su visita a India este fin de semana.
Sobre el resto de los puntos, los dirigentes discrepan. Francia e Italia desean que los bancos sean objeto de una supervisión a escala europea y Alemania y Gran Bretaña apuestan por la flexibilidad y consideran que una legislación rígida es algo que hay que evitar.
Por encima de todo, la breve reunión de mañana será observada por otros países europeos que no fueron invitados y servirá para mostrar a un grupo de dirigentes unidos, serenos y determinados frente a este ambiente general de crisis económica.