La llegada de barcos con agua a Barcelona desde Tarragona y Francia ilustra el alcance de la sequía que afecta a la capital de la próspera Cataluña, símbolo de vanguardia, y abre un debate sobre las dificultades de grandes ciudades ante los fenómenos naturales.
El gobierno regional debió prolongar las prohibiciones de usar agua en piscinas y jardines de la región de Barcelona y Girona, a raíz de una tempestad política desatada por un decreto que levantaba las restricciones, después que cayeran algunas lluvias y los pantanos recuperaran nivel, aunque no el suficiente para salir de la emergencia.
Poco después de la llegada del primer barco con agua desde Tarragona el martes, el ayuntamiento de esa ciudad a 100 km al sur de Barcelona ordenó el cese del transporte de agua de pozos, argumentando que serviría para colmar las piscinas de algunos barceloneses y no sólo para agua de boca.
Sin embargo, el Consorcio de Aguas de Tarragona (CAT) tiene previsto acordar el envío del agua excedente del minitrasvase del Ebro, normalmente dedicado al regadío.
El martes, tras las lluvias que permitieron elevar en un 3,7% las reservas en los pantanos, el conseller (ministro regional) de Medio Ambiente, Francesc Baltasar, dijo que las restricciones se iban a levantar ayer por imperativo legal, según el decreto de sequía aprobado en mayo de 2007, pero una reacción del Gobierno de Aragón y de los ayuntamientos de Reus y Tarragona obligó al Ejecutivo catalán a cambiar el texto del decreto.
Al colocarse su volumen por encima de los 165hm cúbicos (el 24% de su capacidad), el decreto de sequía rebajó el nivel de alerta con lo que se podía volver a regar parques, jardines y llenar piscinas, lo cual desató la polémica.
El primer barco con agua llegaba justamente cuando los embalses recuperaban sus niveles, lo que provocó la dimisión de dos concejales de los ecosocialistas de ICV de la región de Tarragona y se plantaron ante «cualquier forma de trasvase» del río Ebro, a lo cual también se opuso la región de Aragón, presidida por socialistas.
El pasado 18 de abril, el gobierno español aprobó la prolongación de una tubería que lleva agua del río Ebro a Tarragona como respuesta «temporal» a la «situación de emergencia» que suponía la sequía para Barcelona, iniciativa que puso en pie de guerra a varias regiones españolas, unas afectadas tradicionalmente por la sequía y otras, porque consideran que el trasvase de agua puede afectarles.
Las regiones de Valencia y Murcia (este), gobernadas por el opositor Partido Popular (PP, derecha), ya habían manifestado días antes su intención de recurrir al Tribunal Constitucional si no hay agua para sus regiones.
Un primer barco con agua llegó a Barcelona el pasado martes desde la vecina Tarragona, una de las medidas excepcionales que se adoptaron para enfrentar una sequía en la región de Barcelona que, gracias a intensas lluvias del pasado fin de semana, dejó de ser tan alarmante.
El primer barco llegado al puerto barcelonés, lo hizo con unos 19 mil metros cúbicos de agua potable y permitirá aportar a la red de suministro 1,66 hectómetros cúbicos de agua al mes y para la segunda quincena de mayo, un total de seis barcos llevarán agua a Barcelona, dos procedentes de Tarragona y cuatro, de Marsella, en 63 viajes mensuales.
Para fin de mes se calcula que el sistema Ter-Llobregat (que suministra agua a la capital catalana) recibirá con este aporte un total de 1 millón 660 mil metros cúbicos de agua cada mes, es decir, un 6% del consumo de los 5,5 millones de habitantes que se abastecen en este sistema, explicó la consejería (ministerio regional) de Medio Ambiente.
El costo del traslado de agua a través de las naves cisterna totalizará unos 22 millones de euros al mes, precisó la Conselleria.
Un primer barco cargado con agua bruta (no tratada) destinado a Barcelona, para paliar la sequía histórica que atraviesa la ciudad, saldrá de Marsella (sur de Francia) hoy o mañana, anunció la empresa francesa Sociedad del Canal de Provenza (SCP).
Por su parte, la Sociedad de Aguas de Marsella (SEM) señaló también que otro barco con agua potable comenzaría a ser cargado el lunes y saldría de Marsella unas 24 horas después.
Estas dos empresas afirmaron que se trata de una operación de solidaridad con Barcelona, donde se está construyendo una planta desaladora que suministrará 200 mil m3 de agua por día a partir de junio de 2009.
En un comunicado, la SCP explicó que había firmado un contrato el 18 de abril con Aguas de Barcelona (Agbar), válido durante 2008, para llevar un volumen de agua de hasta 500 mil m3, facturados al precio de cerca de 1 euro por m3.
El cargamento con agua del Canal de Provenza del primer barco-cisterna de 43 mil m3 tendría que durar entre 25 y 40 horas. El barco saldrá de Marsella hoy por la noche o mañana por la mañana y tardará 15 ó 20 horas en llegar a Barcelona.