¿Debate sobre ideas o por el poder?


«Es un debate de personas: hay una competencia por el liderazgo del PP, por el poder», aunque «no creo que esto lleve a ningún peligro de ruptura porque es un partido muy sólido», declaró Edurne Uriarte, catedrática de ciencia polí­tica de la universidad Rey Juan Carlos.


Rajoy lleva casi tres meses, desde que el PP perdió las legislativas del 9 de marzo frente a los socialistas, sufriendo las crí­ticas diarias de cada vez más miembros del partido que no le consideran válido para seguir presidiendo la formación.

Tras esos comicios, en los que perdió por segunda vez frente al socialista José Luis Rodrí­guez Zapatero, el actual presidente del PP anunció su candidatura –por ahora la única– al próximo congreso del partido, el 22 de junio, que debe elegir nuevo lí­der.

Su legión de crí­ticos reprochan a Rajoy –caracterizado por ser serio, reservado y por cosechar malos resultados en las encuestas de popularidad de los polí­ticos– su falta de transparencia a la hora de formar su nuevo programa y equipo, que ha empezado a componer con caras nuevas y reivindicando el «centro reformista».

Se trata de «un falso debate ideológico», estimó alguien hasta ahora cercano a él, el secretario de comunicación del PP, Gabriel Elorriaga, en un artí­culo en el diario El Mundo del lunes en el que reclamó «un liderazgo renovado, sólido e integrador» que Rajoy «no está en condiciones de ofrecer».

Tres bajas en el partido y dos posibles candidaturas son el saldo de estos meses de crisis en los que el PP navega entre la masiva movilización de sus responsables por conseguir un puesto y la defensa del centro frente a quienes prefieren mantenerse en la derecha firme en la que quedó instalado el partido a partir de los últimos años del ex presidente José Marí­a Aznar (1996-2004).

Incluso varios responsables presentaron propuestas en los últimos dí­as para orientar la formación hacia «los principios liberales y el humanismo cristiano».

El martes, Rajoy y su principal rival y posible candidata, la presidenta de la región de Madrid, Esperanza Aguirre, escenificaron sus diferencias en una cena-coloquio en la que aquél volvió a hablar de «centro» y ella, de mantener los principios del partido «sin hacer cambios radicales que nadie entenderí­a».

«En el PP hay múltiples familias, pero es un partido que no admite corrientes internas»; «no quiere identificarse con una postura ideológica clara», lo que «le causa debilidad», dijo José Luis Orella, director del departamento de historia del pensamiento de la facultad de comunicación de la Universidad CEU de Madrid.

Por eso «tiene dos opciones: ser un partido muy flexible o definir la postura y que otros tengan libertad absoluta para formar otras fuerzas», estimó.

«En España hay hueco social suficiente para un partido de centro y a su lado un partido de derechas», al igual que en Italia y Francia, explicó. «Puede ser el inicio de que un sector que se siente incómodo en el PP conforme un partido de derecha».

Pero «las presiones internas, mediáticas y polí­ticas», sobre todo de las grandes formaciones, que no quieren perder poder, y la ley electoral española, que «castiga a los pequeños partidos», son «una losa muy fuerte que imposibilita esa realidad social».

«La losa existe, pero el cabreo de la gente también», replicó sin embargo.