La Cámara de Diputados belga inició hoy una sesión crucial para la unidad nacional, aunque no fue inscrita en el orden del día la explosiva cuestión de los derechos de los francófonos de la periferia de Bruselas, una cuestión que divide al país.
Tras una confusa batalla de procedimiento en un hemiciclo bajo alta tensión, una mayoría de diputados siguió la propuesta de Leterme de limitar los debates de la sesión a cuestiones económicas, sociales y presupuestarias.
Pero el jefe del grupo cristianodemócrata flamenco CDV, Servais Verherstraeten, a cuyo partido pertenece Leterme, presentó una moción que prevé la inscripción del controvertido tema en el orden del día de esta sesión, una vez que sean debatidos y votados las otros puntos.
La cuestión lingí¼ística podría poner fin al gobierno del primer ministro Yves Leterme.
«Queremos negociar, pero también queremos continuar en forma paralela el trabajo parlamentario», explicó Verherstraeten, confirmando la línea defendida por su partido desde hace varios días.
Mayoritarios, los partidos flamencos tienen todas las posibilidades de hacer pasar esta moción, lo que abriría el debate sobre la cuestión conocida cono «Bruselas-Hal-Vilvoorde» (BHV), que envenena desde hace años las relaciones entre los flamencos (60% de los 10,5 millones de belgas) y los francófonos (40%).
El tema concierne los derechos de voto en la circunscripción electoral que reúne actualmente la ciudad de Bruselas, de mayoría francófona, y los municipios vecinos de Hal y Vilvoorde, ubicados en Flandes (norte) pero donde viven entre 120 mil y 150 mil francófonos.
En nombre de la homogeneidad de Flandes, los partidos flamencos reclaman la división de la circunscripción, lo que tendría como consecuencia que los francófonos de Hal y Vilvoorde no podrían votar en las elecciones legislativas a un candidato de su lengua en Bruselas, como ocurre hasta ahora.
Durante seis meses, los francófonos lograron frenar el examen de este texto y ahora han advertido que una iniciativa de ese tipo constituiría una provocación y una muestra de que los flamencos quieren dar la espalda a la tradición belga de búsqueda de un compromiso entre comunidades.
Para evitar que, en caso de presión de los flamencos, el punto sea votado el jueves, los francófonos tenían la posibilidad de recursos parlamentarios que postergarían el tratamiento del tema por varias semanas.