De vuelta a la realidad


Marco Antonio Barahona M.

La campaña electoral concluyó. Ese momento, que para muchos tiene connotaciones de ensueño y fantasí­a -de fuga de la realidad-, en el que se sobredimensionan las expectativas, creyendo que, por arte de magia, el paí­s puede transformarse de la noche a la mañana, llegó a su fin.


Terminó otro tiempo de promesas, de ofertas a diestra y siniestra, sin ton ni son. Los fuegos artificiales dejaron de iluminar el firmamento. Los candidatos se bajaron de la tarima, colgaron los guantes, y el pueblo emitió su veredicto. Todo volvió a la normalidad. A la cruda y dura cotidianidad.

Llegó el momento de poner, nuevamente, los pies en la realidad. Con sus luces y sombras, sus debilidades y amenazas. De comprender que el paí­s sólo puede avanzar si todos nos involucramos, si todos nos comprometemos, responsablemente, a desempeñar de la mejor forma posible el papel que nos corresponde en el juego democrático.

Se debe entender, de una vez por todas, que el mejoramiento de las condiciones de vida de los guatemaltecos no depende de la acción de salvadores, dotados de súper poderes. La reconciliación, la seguridad, la justicia, el desarrollo, la paz, sólo son posibles si hay tenacidad y perseverancia ciudadanas a escala nacional. Y mucha solidaridad, superando desigualdades y exclusiones.

Por supuesto, hay actores con mayores responsabilidades. El Ejecutivo, El Congreso, los partidos polí­ticos, tienen un papel clave e ineludible. De su disposición para la cooperación, para el compromiso, para anteponer los intereses nacionales, depende el éxito de la frágil democracia guatemalteca.

Pero también los actores económicos, sociales y culturales -la «sociedad civil»- están llamados en causa. Hoy más que nunca es imprescindible que todos concurran a la generación de la gobernabilidad democrática, concebida como una autopista de doble ví­a, en la que todos, y no sólo el gobierno, tienen una tarea y una responsabilidad para hacerla realidad colectiva y cotidiana.

Desde las instituciones, el gobierno y la oposición, desde los grupos de interés, desde las organizaciones sociales, las elites de todo nivel y orientación están desafiadas a no eludir su cita con la historia. Todos tenemos que repensar el paí­s, y asumir el reto de hacerlo viable. Y para ello parecerí­a que no se dispone de mucho tiempo.

En los menos de 70 dí­as que quedan para el inicio del nuevo gobierno, los principales partidos representados en el Congreso deberí­an ser capaces de identificar algunas áreas clave en función de los intereses nacionales y tener el coraje de asumir los compromisos que las mismas impliquen. Las coaliciones, los pactos, los acuerdos, justificados, públicos y transparentes, serán bien recibidos.

Se trata, en estas semanas de transición, de pavimentar, de la mejor forma posible la pista para facilitar el despegue del nuevo perí­odo gubernamental. Adicionalmente a la aprobación del presupuesto del Estado para el año entrante, con las necesarias reorientaciones y ajustes según la plataforma programática del partido ganador, hay una agenda legislativa esencial que no deberí­a posponerse más.

Las leyes de seguridad -que comprenden la creación del sistema nacional, el control de armas y municiones, y la reforma de los servicios de seguridad privada, entre otras acciones básicas- deberí­an aprobarse este año. Paralelamente se deberí­an asignar los recursos necesarios para el efectivo funcionamiento de la DIGICI, el INACIF y la Ley contra el Crimen Organizado. Si para ello se requiere trabajar tiempos extras en diciembre, el Congreso se ganarí­a el reconocimiento ciudadano.

Ante un Congreso en el que ninguno de los 11 partidos que lo integrarán, a partir del 14 de enero próximo, cuenta con 80 diputados, un escenario deseable comprende la concertación de una mayorí­a estable, en lo posible programática y de mediano plazo. Esto le darí­a estabilidad y sentido, a la vez que lo fortalecerí­a institucionalmente, al máximo organismo de representación polí­tica. El paí­s está urgido de esto. Ojalá los partidos y diputados tengan esa misma conciencia, y actúen en consecuencia. mbarahona@asies.org.gt