De virus y pandemias


 Hace algún tiempo leí­ en un periódico una información que bien podrí­a hacernos pensar.  La nota indicaba que, según un informe de los servicios de salud de Washington, el tres por ciento de los habitantes de la capital federal americana estaban infectados por el virus del sida, un porcentaje equivalente a los observados en algunos paí­ses africanos.

Eduardo Blandón

Las estadí­sticas indicaban un aumento de seropositivos cuando se comparaban los números respecto a años anteriores.  Según un responsable municipal, «la tasa de prevalencia real podrí­a ser superior de 30 a 50 por ciento».   Increí­ble, ¿no?  Pero más sorprendente, me parece, es el hecho de que la población afro-americana era la más afectada con 6,5 por ciento de seropositivos.  Esto quiere decir que representaban el 76 por ciento del total de personas contaminadas.

Los responsables de la salud expresaron, sin embargo, que «se trata de una epidemia que afecta a toda la población de la ciudad y no una epidemia de solo un grupo».   El estudio de marras concluí­a diciendo que el 37 por ciento de seropositivos habrí­an sido infectados en relaciones homosexuales masculinas, el 28 por ciento en relaciones heterosexuales y un 18 por ciento por la utilización de jeringas contaminadas.

Desconozco las estadí­sticas nuestras, pero ciertamente nuestra situación no debe ser muy diferente a la de ciudades como la citada de Washington.  Se puede inferir, por tanto, ahora que se habla de pandemias y virus al por mayor, que los seres humanos nos encontramos acorralados por posibilidad de enfermedades que hace que nos sintamos vulnerables y cuidadosos por cualquier eventualidad.

No se trata sólo del virus de la fiebre porcina o del sida, sino de infecciones a granel a las que nos vemos sometidos a diario y que nuestro cuerpo y la ciencia deben adaptarse y combatir a través de todos los medios posibles.   ¿Desde cuándo existen estos desafí­os?  Desde siempre.  Las enfermedades virales no son nuevas, se dice por ejemplo, que la rabia, la fiebre amarilla y la viruela han afectado a los seres humanos desde sus inicios.

Al mismo Avicena, un pensador del siglo XI y al que la filosofí­a recuerda como aristotélico, le pareció interesante el tema viral y escribió por ello un de los primeros tratados sobre tuberculosis y enfermedades de transmisión sexual.  Nada raro, por tanto, que también hoy nos preocupen los virus y que Google reporte las angustias del hombre posmoderno.

Según Nielsen Online (compañí­a especializada en la medición de audiencias en Internet), el desarrollo de una posible pandemia (con esto de la gripe porcina) disparó el interés de los internautas hasta el punto de llegar a triplicar las búsquedas de términos clásicos como Fórmula 1, horóscopo, programación TV o noticias.  Los españoles fueron los más preocupados, según la información, en tan sólo cuatro dí­as realizaron cerca de 200 mil consultas en Internet.

Como se puede ver, vivimos dí­as de crisis en todo sentido, pero no hay que sobre alarmase, debemos guardar la calma y pensar que esto también pasará.  Eso sí­, cuí­dese y tome las precauciones del caso, quizá no sea el momento oportuno de partir hacia la otra vida, aun y cuando creamos que será mejor.Â