De viaje


Me encuentro en Costa Rica. Vine a descansar unos dí­as para alejarme del mundanal ruido eleccionario y para hacer unas cositas que tení­a pendiente desde hace algunos dí­as. Llegué ayer domingo a las 6:30 de la tarde, era oscuro y todaví­a lloví­a. Con mi psicosis de ser asaltado (esa maldita enfermedad que muchos guatemaltecos compartimos) caminé algunas cuadras para llegar al hotel. Se me acercó un señor en el camino y me dijo que era policí­a que recién terminaba su servicio (andaba de civil). Al consultarle del peligro de la zona donde me dejó el bus, muy tranquilamente afirmó que estuviera tranquilo que era un lugar confiable. Y así­ fue porque llegué seguro a casa, hasta muy tarde, conociendo la vida nocturna del paí­s.

Eduardo Blandón

Los ticos son buena gente, qué duda cabe. A los chapines nos tratan bien (esta es la segunda vez que vengo con esa categorí­a y suele resultar la fórmula), como nica las cosas habrí­an sido diferentes. La señorita del hotel me regaló un mapa de la ciudad, me ofreció los precios más bajos del lugar y, la verdad, no hallaba dónde ponerme (justo como queremos los machos ser tratados). El paí­s es tranquilo y la gente vive la felicidad mí­nima que todos los mortales deseamos. No tienen grandes autopistas como las que los salvadoreños y guatemaltecos nos ufanamos tener, pero qué importa, tienen luz eléctrica por todas partes, educación, salud y el paí­s funciona de maravilla. Repito, la gente parece feliz y eso ya es mucho.

Pasar de Nicaragua a Costa Rica puede causar convulsión. Estuve en Nicaragua un par de dí­as y, una vez más, pude constatar el empobrecimiento (que no la pobreza) del paí­s. Basta decir que los nicas tienen un racionamiento de luz espeluznante. Bueno, para ser justos, depende de la zona donde se viva. Hay lugares privilegiados, las zonas donde viven los comandantes, por ejemplo, los lugares de los ricos y cerca de los hospitales. Mi madre, para mi fortuna, vive cerca de uno y la energí­a no falta nunca. En otros lugares es terrible. Cerca del «Mercado Oriental», que cualquier nica ubica, la luz no llega nunca. Los de «Unión Fenosa» sólo la conectan una vez al dí­a y cerca de las dos de la mañana hasta las cuatro. Sólo dos o tres horas si mucho y en horas de pelí­cula. Los vendedores están que se mueren, pero muchos han arreglado su situación comprando motores. Así­ los nicas la están pasando mal.

En cuanto al tema de seguridad, Nicaragua no será un paraí­so, pero la gente vive con más tranquilidad que nosotros en Guatemala. La vida nocturna es asombrosa y los jóvenes andan discretamente tranquilos celebrando a Baco. En una fiesta nocturna sólo yo era el único idiota que salí­a a cada momento a «vigilar» el carro. Miraba los vidrios, las llantas, las cerraduras y, luego, regresaba contento. Los muchachos me explicaban que esas cosas raras veces sucedí­an en el paí­s. Yo nunca les termino de creer por eso me mantengo todo el tiempo como Scout: «Siempre listo». Pobre de nosotros que vivimos en desasosiego todo el tiempo. La gente a mi alrededor bailaba tranquila, bebí­a tranquila y se amaba tranquilamente. Yo era el único nervioso vigilante de los carros de los amigos y del mí­o.

Volviendo a los ticos. De entrada se nota un paí­s verde. El paí­s parece un biotopo nacional. Todo suena a que le dan importancia al tema de la conservación de sus bosques y el efecto es visible de inmediato. Los turistas pululan por doquier y, a pesar de las incomodidades de un viaje por tierra, todo lo soportan con estoicismo.

He hablado de las incomodidades de un viaje por tierra por aquello de pasar de Nicaragua a Costa Rica. Yo lo he hecho así­ y la verdad es una travesí­a digna de cualquier obra griega. Los nicas y los ticos se empeñan en sus fronteras por hacer las cosas difí­ciles. En la frontera de Nicaragua se pasa una hora. Hay revisiones de bus, de gente y una «pachorra» (como dirí­an los ticos), es decir, una lentitud, de campeonato. Los ticos son peores. Con ellos el tránsito se tarda dos horas. De entrada el bus es recibido con el baño de algún plaguicida (me pregunto si no será simbólico el recibimiento), para luego hacer largas colas para el famoso «chequeo» de gente y de maletas. Los chapines no pagamos visa, los nicas sí­ -creo que son veinte dólares-.Continuaré el próximo dí­a narrando mi travesí­a y exponiendo mis percepciones de estos paí­ses del sur. Nada de lo que escribo es en rigor «verdad», sólo se trata de la percepción de un vago que intenta compartir sus vivencias. Nos vemos el miércoles.