De un debate entre uno y otros


Nota: el presente relato es producto exclusivamente de la imaginación del autor, por lo que no tiene nada que ver con personas vivas o… muertas.

Héctor Luna Troccoli

Resulta que en el pueblo de guatepencazos, se enfrentaron en duelos verbales y agresivos don Malacara Bravucón, ampliamente conocido por su naturaleza irascible in extremis y peleonera y los hermanos Mosquitas Muertas en miel, que gustaban de escribir lo que fuera, contra quien fuera y como fuera (como los gauchitos), siempre que esos escritos se dirigieran, obviamente, contra los que les caí­an como patada en salva sea la parte, entre los que se encontraba don Malacara, quien gozaba de la inmensa y enorme simpatí­a de los medios de televisión de ese lugar gracias a la amistad entre un «ángel» y un «junior».

Así­ las cosas, don Malacara propuso celebrar un debate abierto a los canales de televisión abiertos para enfrentarse «cara a cara». Después de muchos dimes y diretes llegó el esperado dí­a. Un cuatazo de don Malacara, llamado el Pelón de los Montes fue el moderador. Las Mosquitas Muertas llevaban ya su estrategia preparada, pues sabí­an que era fácil vencer al rival con sólo ponerlo para ver…gatos.

El show empezó con preguntas del que se llamará en adelante «el grupo B» (las mosquitas). «Dí­game don Mala (quien en adelante se llamará así­), cuanto gana usted como la primera autoridad de la capital, dicen que son Q160,000 al mes» -dejando ir el primer trancazo. «Y a ustedes que les importa -respondió don Mala- si así­ fuera, mas que merecido me lo tengo, fuera de que sé que en sus empresas desde hace muchos años tienen guardados 88 melones de reparto de utilidades». «Y a usted eso que le importa, es producto de nuestro trabajo y esfuerzo y no de las arcas citadinas», contestaron.

El Pelón moderador dijo que el turno era de don Mala y éste les dijo: «digan si es cierto como en verdad lo es, que ustedes escribidores, sólo calumnian, insultan, denigran, joden, friegan, injurian, mienten y etcétera, etcétera». «No es cierto -contestaron al uní­sono-, sólo decimos la verdad y eso le duele a muchos como a usted y si no, dí­ganos con absoluta transparencia si cuando usted fue el presidente de guatetrancazos, obsequió, y regaló unas cuantiosas áreas de reserva de la nación que hoy se llaman marinas del norte y Juan Camote y que para terminar de amolar vendió a los mexicanos la telefoní­a y a los españoles la electricidad, ¿ahhhhh verdad?» «Lo que dicen es cierto -contestó el interpelado-, pero lo de esa marina fue para que la gente pobre construyera sus ranchos y en sus cayucos pescaran algo del mar y lo otro, fue para abaratar los dos productos, crear competencia, ser más ricos y sobre todo financiar la paz que yo, y sólo yo firme, pues es falso que Ramis me dejó ya el pastel cocinado, así­ como la visita del Papa Juan Pablo II. ¿Ya ven como mienten?»

«Usted don Mala ya ni gracia tiene -expresó el grupo B-, mire como construye viaductos sólo en zonas donde viven los ricachones; a la Empresa Machetera Espadachina y Tranqueasadora», la pone para hacerse de la vista gorda con los autobuseros, camioneros, camioneteros y joden a los pilotos de carro de 60 mil para abajo sin que se chapucee el problema del transporte que es todo suyo, fuera de que se dice que junto con aquel «junior» es dueño de edificios, condominios y otras cositas. Como los «muppies» que proliferan en todos lados y derriban las vallas de los otros»…

Hasta allí­ llegó la cosa, después se inició una lucha sin lí­mite de tiempo ni de trancazos en donde el moderador resultó siendo el más perjudicado y eso que tení­a «mano dura».

Les cuento este cuento para que NO me cuenten otro, quedando la moraleja siguiente: «el que esté libre de pecado que tire la primera y ojalá, la última piedra.»