De repente Adolfo Gómez barrió con todos


El reconocido tenista junto a algunos de sus trofeos que le quedaron después del terremoto de 1976.

Hablar de Adolfo Fito Gómez, más conocido en la familia guatemalteca del tenis de campo como Fito Gómez, es rememorar siempre los años dorados de una de las épocas más significativas de este deporte.


Corrí­a el año de 1951 y de repente, de los cí­rculos escolares surgió quien en el futuro llegarí­a a ser una de las figuras más importantes del tenis patrio.

En ese entonces, Gómez se mantení­a a la sombra de los grandes, llamados los cuatro ases, í“scar Escobar, campeón nacional, Julio López, José Garcí­a y Héctor Estrada.

Pero según cita La Hora Dominical de 1964, no era otra cosa sino que Fito Gómez aún estaba en periodo de germinación.

«Aún no habí­a desarrollado todo de cuanto era capaz, ni técnica ni fí­sicamente», cita la fuente.

«Y de un muchachito tí­mido, flacucho, que en los juegos escolares fue siempre superado por otro compañero suyo, José Marí­a Motta, se fue convirtiendo en un adulto recto, alto, de complexión fuerte y de un tenis elegante, sólido e impetuoso», continúa el escrito.

«Hasta que, repentinamente, Adolfo Gómez barrió con todos», resalta La Hora Dominical.

Con motivo de la cuarta Copa Fito Gómez, esta leyenda del tenis de campo comparte con La Hora Deportiva parte de sus sesenta años en la práctica incansable de este deporte.

¿Qué siente al saber que la Copa lleva su nombre?

Me siento muy contento y sobre todo satisfecho porque esta es una parte del fruto logrado en base a todos mis esfuerzos en la práctica de esta disciplina deportiva. Conseguir el campeonato en cinco años consecutivos significó un esfuerzo sobrenatural por tener que interactuar con mis estudios de medicina junto a la carrera atlética. Duré invicto en los campeonatos Centroamericanos y del Caribe, en los que jugué por un largo tiempo.

¿Qué tal su vida deportiva?

Llena de satisfacciones. Lo más importante se dio quizá en 1963, cuando en enero fuí­ nombrado el mejor deportista de ese año. Por decisión mayoritaria le gané el nombramiento a uno de los grandes, Teodoro Palacios Flores. Me tocó debido a que gané el nacional, el Centroamericano y obtuve el tercer lugar en Jamaica para Guatemala.

¿Recuerda alguna anécdota?

Traí­da por la embajada de Estados Unidos, en 1958 sostuve un juego de exhibición con la entonces campeona del mundo, Althea Gibson, en el Club Deportivo Los Arcos, a quien vencí­ dos sets a cero.

Brindamos un bonito espectáculo, que me gocé a lo grande, pues contaba con apenas 17 y 18 años.

¿En su tiempo se practicaba más el tenis?

El problema de ahora es que se ha vuelto un deporte más tecnificado, pero en cierta medida, continúa acaparando la atención de muchos jóvenes, quienes tienen que alternar sus estudios de arquitectura, medicina u otra futura profesión, con cuatro a cinco horas diarias de entrenamiento.

¿Cuál es la amonestación a los padres de familia?

En primer lugar sobresale que si a un niño le gusta el tenis, se le debe de apoyar y no se le debe de forzar a la práctica de ningún deporte, al menos que le guste, porque de lo contrario no rinde.

No todos poseen las mismas condiciones, creo que cada quien está predestinado para realzar tales o cuales movimientos dentro de la cancha. Para que los jóvenes lleguen muy alto en el deporte, se debe decir adiós a todo vicio y se puede lograr con la ayuda de los entrenadores y padres de familia.

¿Qué cambios ha experimentado el tenis?

Con la tecnologí­a de punta ha habido cambios bruscos, por ejemplo en la raqueta, pues antes eran de pura madera. Las cuerdas eran costo muy elevado, pero ahora en una fábrica de cuerdas en Japón se fabrican de 2 a 3 millones. Las cuerdas y raquetas han evolucionado, así­ como el calzado.

En cuanto a la técnica, es muy raro ver jugar a alguien con el antiguo sistema del ABC. Nadie se mete a la net porque la mayorí­a tiene buenos tiros.

¿Cómo ve a la futura nueva dirección del tenis del paí­s?

Muy buena, porque es gente muy sana, limpia y que tiene la facilidad de conseguir patrocinio para la Federación.

Ojalá que tomen en cuenta que se debe de mejorar el tenis departamental, porque está muy abandonado, lo cual no se resuelve con una caja de pelotas. Se debe de pensar en estructuras, así­ como en entrenadores capaces. Se debe de trabajar en las escuelas y colegios que es donde están los buenos semilleros del deporte.

¿En el plano internacional cómo mide a los connacionales?

La mayorí­a de buenos muchachos no han sido formados en la Federación, sino en los diferentes clubes de tenis del paí­s.

Algunos pocos como Christian Paí­s, campeón nacional, están dando la cara por Guatemala en el plano mundial.

En Inglaterra y Estados Unidos, están de seis a ocho juveniles participando en los diferentes circuitos con buenos resultados. La Federación debe de apoyarles más, porque la mayorí­a sufragan sus propios gastos.

Recordando a Fito Gómez

El doctor Fito Gómez dio sus primeros pasos deportivos a la edad de 7 años, y desde entonces ha acumulado muchos triunfos, que a continuación se detallan unos cuantos.

A los 12 años, Goméz ya estaba dando una exhibición de tenis de campo a nivel internacional infantil, en las canchas de Los Arcos, contra la campeona infantil de México. Un año después se corona como subcampeón infantil, y luego campeón juvenil.

A los 17, se hizo monarca de las categorí­as A y B, para ascender a la categorí­a mayor, en donde se corona como subcampeón en el año de 1958.

Ese mismo año jugó contra la campeona mundial Althea Gibson, en el Club Deportivo Los Arcos, a quien le ganó por dos sets a cero, en un juego de exhibición.

Luego compitió en dobles en el Club Guatemala con los señores Alfredo Wer, ingeniero Juan José Hermosilla y Athea Gibson, siendo uno de los juegos que lo hizo entrar dentro del ambiente tení­stico internacional.

Campeón universitario durante 8 años. En esta época Fito le ganó a don Kierwo, clasificado dentro de los primeros 100 de Estados Unidos.

Fito es vencedor de Esteban Reyes, de México, jugador de Copa Davis bajo techo en el Gimnasio Olí­mpico. Medalla de bronce en Juegos Centroamericanos y del Caribe. Nombrado por la Asociación de Cronistas Deportivos de Guatemala como el mejor deportista del año en 1962.