De plano somos… y nos hacemos


La pasividad con que los guatemaltecos aguardamos a que las petroleras trasladen al consumidor las rebajas que se han operado en el mercado mundial del petróleo es increí­ble y constituye una muestra de por qué estamos como estamos, puesto que aun ante la evidencia más contundente no llegamos a darnos cuenta que nos están viendo la cara de babosos. Cuando se anunciaba en los medios de comunicación que aumentaba el precio del petróleo, los precios del combustible en Guatemala reflejaban esas alzas prácticamente de inmediato, como si el paí­s se mantuviera con los depósitos vací­os y diariamente se recibieran embarques.

Oscar Clemente Marroquí­n
ocmarroq@lahora.com.gt

En cambio, cuando en el mercado mundial se empezó a notar una tendencia muy marcada a la baja, vemos que pareciera como si los depósitos de las petroleras se mantienen repletos y los embarques vienen cada vez que San Juan baja el dedo porque es con cuentagotas que se van aplicando las reducciones de precio. Si hubo una lógica que se manifestó en la forma en que operaron los incrementos, la misma tendrí­a que operar ahora que la tendencia se revierte pero, desafortunadamente, nuestro Estado perdió su capacidad de regulación y se limita a aceptar el ritmo que imponen los distribuidores.

Cuando el precio del petróleo andaba alrededor de 118 dólares por barril, la gasolina costaba en Guatemala 31 quetzales en tanto que hoy, con el petróleo por debajo de esa cifra, tenemos que pagar 35.50 quetzales por galón de gasolina superior. Y en el caso del diésel, en abril estábamos pagando Q30.50 por galón, mientras que ahora el precio se mantiene alrededor de 37 quetzales.

El tema es que por cada dí­a que se adelanta un incremento o se retrasa una rebaja, las ganancias para los importadores y distribuidores se vuelven en realidad escandalosas y ocurren a costillas de consumidores que simplemente agachan la cabeza porque se sienten totalmente indefensos. Y repito que en buena medida todo ello es resultado de que aquí­ nadie reclama, nadie exige ni muestra un aire con remolino, lo que hace que las autoridades se conformen con esa actitud complaciente y las petroleras hagan su agosto con base en el sacrificio que para el consumidor significa tener que pagar precios artificialmente altos. Una de las consecuencias de la forma en que ocurrió la crisis petrolera es que aprendimos a aceptarla como inevitable y a pagar más sin cuestionar. Al fin y al cabo las maniobras especulativas eran globales.

Por cierto que algunos analistas que insistieron en el carácter especulativo del alza en el precio del petróleo, piensan que la rebaja actual es dictada por ellos mismos con la intención de minimizar el daño sobre los republicanos en las elecciones de noviembre. Es sabido que los Bush y Chenney y con ellos todos los republicanos, tienen ví­nculos muy poderosos con las petroleras que han amasado inmensurables fortunas en esta crisis y que podrí­an perder privilegios si la situación económica provoca un vuelco a favor de los demócratas. Por ello los especuladores prefieren «limitar su lucro» en estos meses para no poner en riesgo sus privilegios cuyas consecuencias tienen de cabeza al mundo con esa danza loca de precios en los combustibles.

Pero en lo que a Guatemala se refiere, es importante señalar que el Ministerio de Energí­a y Minas tendrí­a que jugar un papel más activo tanto ahora que el precio está a la baja, como cuando se produzca algún repunte y evitar así­ que se incrementen las ganancias mediante otro tipo de maniobra especulativa.