De nuestro cine nacional


Por informaciones de prensa gráfica me enteré de las inquietudes y/o realizaciones cinematográficas de jóvenes guatemaltecos, algunas de las cuales han sido premiadas en festivales de cine en el extranjero, lo que demuestra la capacidad que poseemos para estos trabajos del séptimo arte.

José Antonio Garcí­a Urrea

Desde tiempos pretéritos esa inquietud ha estado latente en nuestro medio, de ella me contaba mi papá cuando yo era chico. Más acá ha habido otros intentos entre aficionados, que han constituido verdaderas joyas de arte, tanto en lo artí­stico de los intérpretes como en el manejo de los implementos técnicos.

En lo que respecta al cine de 35mm. tirando a lo comercial, hay productores que silenciosamente han filmado sus pelí­culas, pero a estas no se les ha visto entre nosotros. Recuerdo al industrial don Ramiro Samayoa, de quien se dijo que habí­a estado en pláticas con Ronald Reagan para establecer aquí­ esa industria y como resultado se construyeron los salones que ahora son parte del Parque de la Industria, pues estaban destinados para ser «sets».

Dentro de estas inquietudes se produjo la primera pelí­cula de largo metraje, «El Sombrerón», producida por el fotógrafo Alberto Serra y los hermanos José Luis y Guillermo Andreu Corzo, lo malo fue que se filmó en 16mm. Y por ello no se pudo comercializar en grande, pero tuvo gran aceptación en lo interno. Más adelante con miras a establecer la industria formalmente, se filmaron tres pelí­culas en 35mm., «Caribeña» y «Cuando vuelvas a mí­», de la productora Abularach, y «El Cristo Negro» de la que no recuerdo la productora. Esta pelí­cula después de tantos años, aún está enlatada en estudios mexicanos pues no han querido distribuirla.

No sé por qué los mexicanos metieron las manos e impusieron a sus artistas estelares lo mismo que a los técnicos cuando aquí­ hay buenos actores así­ como integrantes del «staff».

Lo mismo pasó con los aví­os que impusieron los suyos, por supuesto, cobrando el alquiler, con lo único que no contábamos era con la cámara de 35mm. En el listado de personal para el permiso correspondiente consignaron un nombre que decí­a «espaguetti», rechazo para corregirlo, y en tanto el resto del personal cobrando sin hacer nada.

Tampoco mandaron «script», sin él no hay control de filmación y no se puede editar la pelí­cula, yo lo sabí­a llevar y lo hice en un cuaderno, hasta entonces mandaron los formularios correspondientes. Todo el berrinche en contra de una pelí­cula totalmente guatemalteca era porque el director era José Baviera, español y porque no se contrató a un mexicano. En «El Cristo Negro» mandaron uno «en compensación» que todo lo que hizo fue cobrar y pasear. Ellos eran los que estaban desplazando a los guatemaltecos.

Reiterando, esa inquietud ha estado latente aquí­, incluso se creó la Escuela de Cinematografí­a a cargo del señor Richard Moravec, yugoeslavo, socio de Alfredo B. Crevena, alemán, que producí­an pelí­culas en México pues tení­an compromiso con cadenas de cine norteamericanas.

Entonces, el quid de la cuestión estriba en que hay que montar una empresa cinematográfica y buscar la distribución por medio de una distribuidora que en realidad promocione y distribuya esos filmes. Para ello hay que pedirle asesorí­a a las personas que tiene experiencia en el negocio.

íTEM MíS: Las leves son de observancia general, pues si se emiten casuí­sticamente, son nulas ipso jure.