«Inclusive cuando el pájaro camina, se sabe que tiene alas»
Lamierre
Una noche de 1962 cuando las luces de las viviendas empezaban a apagarse para dar paso al descanso de los guatemaltecos, Carlos Estrada sorteaba los vehículos y atravesaba las calles buscando alcanzar la frontera con México, con la esperanza de llegar antes que el día dispersara sus rayos de luz y que la Policía disparara sus armas.
Eran los comienzos de la lucha armada en nuestro país. í‰l, al igual que muchos estudiantes universitarios se unieron al movimiento con los ojos puestos en un futuro mejor para su patria. Pero las pasiones se desbordaron y lo que se inició como una arenga de palabras e ideales, empezaba a oler a terror, sangre y muerte.
Así que muy en contra de su voluntad, siguiendo los consejos de su familia y amigos, abandonó su país y se convirtió en un migrante errante. Llegó a México en donde recibió apoyo de Mario Monteforte Toledo, casa y comida. Pero como su sueño de ser médico no se apagó con la represión, continuó su viaje al norte y unos años más tarde logró alcanzar su meta y rebasar sus propias expectativas de estudiante. Se especializó en Psiquiatría con tanto éxito que fundó su propio hospital,
Cuarenta y cinco años después de su partida furtiva y a once de la firma de la paz, Carlos Estrada González está de vuelta en la tierra donde conoció la luz del sol y que hoy guarda los restos de sus padres, abuelos y compañeros.
No le fue fácil, pero como dicen: el tiempo ordena los recuerdos y aplaca el alma. Y poco a poco logró dominar el miedo, la cólera y el dolor por sus amigos que cayeron a manos de los opresores, con sus sueños hechos añicos, envueltos en un charco de sangre.
Hoy ha reunido a su familia, a los que apenas recuerda y a los que no conoce, para presentarles a su esposa Ellana y a sus hijas Ana Luina, Patricia, Lilian y Mayri y a sus nietos.
Compró un apartamento en la ciudad y espera poner una clínica en donde atenderá durante algunos meses del año.
Conocido como el doctor E, en Corpus Christi, Texas, en donde reside Carlos Estrada nunca olvidó su patria, sus paisajes y su clima, los atardeceres a orillas del lago de Atitlán y los amaneceres en la costa sur se mantuvieron con él; tanto como el olor a los frijoles hervidos, el sabor de las tortillas con queso y el color de las pitayas.
Todos sus recuerdos y el apoyo de sus padres y hermanos, le dieron la fuerza para seguir adelante, para reconstruirse y sumarse a los guatemaltecos que lograron triunfar en el extranjero.
Así que con la confianza en un futuro mejor para su patria ha regresado para unirse a todos sus connacionales y construir un futuro mejor para su patria, con la esperanza de mejores estándares de desarrollo social.