De lo que no se debe silenciar, olvidar o renegar


En mis más recientes columnas he referido parte de lo que he vivido en tanto tiene que ver con el compromiso que asumí­ de luchar del lado que considero que me corresponde. No estoy emitiendo ningún juicio de valor pero considero necesario decir que todo luchador revolucionario que se precie de tal, jamás debe olvidar de qué lado está, lo que ha vivido, las luchas que ha librado, y la experiencia acumulada.

Ricardo Rosales Román

Procede consecuentemente quien, además de persistir en la lucha, crí­tica y autocrí­ticamente y en forma constructiva, señala los errores y fallas en que se haya incurrido; valora los aciertos y éxitos que se llegaron a tener; señala lo que no se pudo lograr, y con sus ideas, aporte y experiencia pero, sobre todo, con su participación, orgánica o no orgánica, enriquece el proceso con el que está comprometido e interpreta y explica el momento, condiciones, situación y circunstancias en que se está, y contribuye a darle perspectiva a la lucha por complejos que sean los problemas y dificultades a resolver, que haya a quienes obnubilan las expectativas, los confunde la coyuntura, se desaniman fácilmente, caen en el pesimismo y no le ven ninguna perspectiva ni salida posible y necesaria a la situación.

Lo que ni ética ni revolucionariamente corresponde es renegar u olvidar lo que se hizo, con lo que se estuvo comprometido, las ideas que se tuvieron. Quien reniega de su pasado se niega a sí­ mismo y se equivoca si tras lo que va es la tan ansiada búsqueda de la aceptación intelectual o los favores y beneficios de quienes detentan el poder polí­tico y económico. Eso lo puede lograr pero lo que nunca podrá alcanzar es llegar a estar tranquilo consigo mismo y con su propia conciencia que, en este caso, se constituye en el más severo juez de su comportamiento y decisiones.

Quien en su momento abrazó la causa de la Revolución, sigue siendo leal y está del lado de la lucha revolucionaria, es porque sabe, está conciente y convencido de que es de ese lado que está el futuro de los pueblos y le da sentido y razón de ser a la causa de la que se participa.

La fuerza de la Revolución, sus ideas y logros sólo pueden estar en manos de quienes están seguros de lo que hacen, a lo que se dedican, a lo que aspiran, además de su convicción y seguridad en el triunfo. Y es así­ porque el luchador revolucionario consagra su vida no para beneficio de sí­ mismo sino porque lucha al lado de los demás, con los demás y por los demás. Es decir, a favor de los explotados, de los oprimidos, de los discriminados, de los excluidos por un sistema aberrante, inhumano y salvaje propio de la llamada era de la modernidad y de los grandes avances cientí­ficos y tecnológicos pero, al mismo tiempo, de las inmensas injusticias sociales, abismales desigualdades económicas, y acomodaticio y oportunista comportamiento ideológico y polí­tico.

Todo lo anterior viene al caso, porque cuando releí­ siete de las columnas a que arriba hago referencia, me di cuenta que faltaba algo así­ como una reflexión al respecto, ya que es mucho lo que se silencia, se ignora, se olvida, se estigmatiza y tergiversa cuando se abordan algunas de las cuestiones más importantes y principales de la lucha revolucionaria, el comportamiento de las personas, su posición, ideologí­a y convicciones.

De lo que se trata es de sistematizar nuestra historia más reciente no sólo a través de la vivencia y visión de quien la ha vivido, estudia e investiga sino, además, con la capacidad de interpretarla y explicarla objetivamente, lo que supone tener en cuenta los hechos, el momento en que se dan, sus causas y efectos, así­ como prever su desarrollo y desenvolvimiento.

La mayorí­a de los medios de comunicación, sean del paí­s o del extranjero, saben que una forma de secuestrar la historia es silenciando lo que no debe informarse y no conviene a sus intereses; lo que no se publica es porque no sucedió o no hubo quien lo informara y, si lo hizo, carece de importancia informativa. Es lo que podrí­a llamársele la historia oculta y una forma absurda de negar lo que está pasando, porqué pasó, cómo pasó y sus efectos y consecuencias. De lo que se trata es que se ignore el presente, se olvide el pasado y se desdibuje el futuro.

Auscultar en el pasado significa adentrarse a esa desafiante búsqueda de la verdad de lo acontecido, interpretar y explicar los hechos no como se quisiera que hubieran sucedido sino en el contexto, circunstancias y momento en que se dieron.

Por mi parte, y a estas alturas de la vida, de lo que estoy más que convencido es que es consecuente y se mantiene leal a lo que piensa y hace, aquél que no sólo lucha un dí­a, una semana, un mes, uno, diez o veinte años, sino toda su vida. Es a los que Bertolt Brecht considera los imprescindibles, y a los que Otto René Castillo identificó como los compañeros de siempre… de los que nunca se rajaron? y cuya voz en las manos de las masas, debe ser la espada insobornable, que no se quiebre, que no se doble, que no se manche.