Así como hay mujeres y hombres cuya vida y lucha trascienden y perduran, hay acontecimientos que marcan los cambios de época que se dan a lo largo del tiempo. Mayo registra el nacimiento de al menos dos hombres cuyo legado trasciende la época en que les tocó vivir y, sobre todo, luchar.
Uno de esos grandes genios nació en Treveris, Alemania, el 5 de mayo de 1818. Mucho habría que decir de la portentosa obra de Carlos Marx y su infatigable lucha contra la opresión y explotación capitalista. Sus ideas perduran, tienen vigencia y validez actual y lo que corresponde es aplicarlas y desarrollarlas creadoramente, de acuerdo a la situación y condiciones de la época, de cada país, área o región, y las particularidades y características de lo acontecido a partir de finales de la década de los 80 del siglo pasado y lo que va del presente.
Lo que no se puede dejar de referir es el lado humano de Marx. Para ello, basta un ejemplo.
En un álbum que en 1960 fue entregado al Instituto de Marxismo Leninismo de la URSS, están las notas con que Marx respondió a un cuestionario que un siglo atrás le hicieron sus hijas Jenny y Laura.
La sencillez, respondió, es su cualidad más preferida. En el hombre, la fuerza. En la mujer, la debilidad. Su rasgo más distintivo, la voluntad de lograr lo que se propone. El defecto que más detesta, el servilismo. La credibilidad, el defecto más excusable. Su idea de la felicidad, la lucha. La sumisión, su idea de la desdicha. Su ocupación predilecta, rebuscar en los libros.
Espartaco y Kepler, sus héroes predilectos. Sus poetas preferidos: Dante, Esquilo, Shakespeare y Goethe. Sus prosistas preferidos: Diderot, Lessing, Hegel y Balzac. El laurel, su planta favorita. Su plato favorito, el pescado. Su máxima favorita: nada humano me es ajeno. Hay que dudar de todo, su divisa preferida. El rojo, su color preferido.
Con motivo de este aniversario del natalicio de Marx, el lunes pasado se inauguró en el Palacio de las Convenciones de La Habana, la IV Conferencia Internacional La Obra de Marx y los Desafíos del Siglo XXI. Esta vez, el evento está dedicado al 50 Aniversario del triunfo de la Revolución Cubana, y a los 80 años del nacimiento del Comandante Ernesto Che Guevara.
Entre los puntos a tratar están: la naturaleza del capitalismo, el imperialismo y sus contradicciones actuales, la construcción de un nuevo internacionalismo militante, los movimientos sociales, las clases y las formas actuales de lucha, y la alternativa socialista. Sus deliberaciones se clausurarán mañana.
En tanto, aquí, en nuestro país, estamos conmemorando, hoy, el 74 aniversario del natalicio de otro gran hombre, Otto René Castillo. Sin lugar a dudas, la figura cimera de la poesía guatemalteca de nuestro tiempo, y ejemplo de luchador revolucionario consecuente consigo mismo y, sobre todo, con nuestro pueblo. Con su heroica muerte en la Sierra de Las Minas selló su compromiso con la historia, con la poesía y con la lucha no concluida en nuestro país.
Tan insigne poeta y probado combatiente por la emancipación de esta Guatemala nuestra, dejó en muchos de sus poemas lo que son en realidad los firmes trazos de su más acabado autorretrato. En De los de siempre, adquiere una dimensión insospechada y, todavía más, en Antonino, el poeta. Aquí, con sin par altura, belleza y elocuencia escribe:
«Cuando Espartaco / se levantó / contra los poderosos / patricios de Roma / imperial, / se llegó hasta él, / según dicen las crónicas, / un hombre llamado / simplemente Antonino, / poeta de la más honda estirpe, / y le dijo que quería luchar / también por los esclavos.
«Viendo el atardecer / desde la falda callada / del Vesubio, / Espartaco / dijo al joven Antonino: / «Enséñame mejor tu canto, / Antonino, / luchar lo puede hacer / cualquiera, / pero nadie como tú, / para hacer de las palabras / las alondras azules / que tanto necesitan / aún nuestros hermanos».
«Y Antonino respondió: / «Las aves de más dulce canto, / Espartaco, / defienden su libertad / también con garras».
«Espartaco, dicen, volvió su rostro / hacia la más lejana lejanía / y nadie supo jamás / lo que aconteció en su corazón / aquella tarde, cuando hablara / con el poeta Antonino».
Así recuerdo al entrañable amigo y compañero de lucha que nació en mayo de 1934 y murió en marzo de 1967 para volver a nacer para siempre.
Y como si lo anterior no fuera suficiente, cabe tener presente que el viernes hará un año más que los valientes e intrépidos soldados del Ejército Rojo tomaron el Reichstag con lo que victoriosamente el pueblo soviético salvó a la humanidad del nazi- fascismo.
Además, en un día como hoy, hace 44 años, el general Vo Nguyen Giap, al frente de los patriotas vietnamitas, derrotaba a las tropas francesas de ocupación en la histórica batalla de Dien Bien Phu.
No puedo dejar de referir que pasado mañana, 9 de mayo, hará seis años que se publicó aquí, en La Hora, mi primera columna de opinión. La presente es la 274 y tengo que terminarla expresando mi profundo y sentido pesar por el fallecimiento, la noche de ayer, del licenciado Ernesto Capuano, un infatigable y ejemplar luchador revolucionario.