De las brasas a las llamas


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El inicio de la actual legislatura fue motivo de numerosas expectativas, parte de ello es que de los 158 diputados la mayorí­a no tiene el antecedente de haber sido legislador; sin embargo, a pesar que la junta directiva fue electa con una sola planilla y numerosos votos, los inicios de la legislatura evidencian descontrol, problemas y descoordinación.

Juan Francisco Reyes López
jfrlguate@yahoo.com

 


No pongo en duda que lo adecuado y correcto es que todos los diputados tengan una oficina, una secretaria y un auxiliar administrativo (hace, hace de todo), también acepto que estas dos personas deben ser de confianza de cada uno de los diputados.

De la misma manera que un abogado, odontólogo, médico, auditor e ingeniero, etc., un diputado necesita tener un espacio fí­sico y un personal mí­nimo para poder realizar sus labores. Sin embargo, aunque no es nuevo, no debe darse el asalto de los espacios fí­sicos con que cuenta el Congreso, ni mucho menos jalonearse o imponérseles personal alguno.

Los integrantes del Organismo Legislativo tienen diferentes funciones y necesidades, como bloques polí­ticos necesitan una oficina, un salón donde reunirse y un personal que polí­ticamente les sea afí­n. Como comisiones es distinto por cuanto el trabajo son los temas y las iniciativas que el Pleno, a través de la junta directiva les trasladará, los que requieren un actuar especí­fico. Serí­a insólito o inadecuado que un tema de salud o educación se le trasladara a la Comisión de Asuntos Municipales, por ejemplo, y así­ sucesivamente.

Las comisiones no deben pretender tener asesores por afinidad polí­tica, a diferencia de los bloques, por cuanto sus asesores deben ser profesionales en la materia y área respectiva, ello permite personas que ya estén contratadas en anteriores legislaturas comprendiéndose que estos profesionales y técnicos no sirven a una tendencia polí­tica sino a una materia o área especí­fica, lo mismo se aplica a las secretarias de comisión. En el tema de los auxiliares administrativos, da lo mismo uno que otro por cuanto para hacer trabajos de limpieza, mensajerí­a o similares no es requisito simpatizar con un partido polí­tico sino ser trabajador eficiente.

La nueva junta directiva debe tener el liderazgo y dedicarle el tiempo completo que sea necesario para que se estabilice y se tranquilice el Congreso, si no es capaz de hacerlo, quiéranlo o no serán responsables de lo que acontezca, igual que en un avión, es la tripulación o piloto los que mantienen el control si no quieren entrar en barrena.

En cuanto a los diputados en lo individual, no deben seguir jugando al suicidio por cuanto su volatilidad, su cambio de bancada no es precisamente algo que la ciudadaní­a en general vea con buenos ojos y aunque probablemente varios de ellos, de los que fueron reelectos, creen que pueden seguir viendo sólo sus intereses particulares y materiales, sólo están propiciando que exista de nuevo el sentimiento que es necesaria una nueva depuración, que seguramente abarcarí­a en esta oportunidad a todas las bancadas e inclusive al personal administrativo que existe actualmente en el Parlamento.

Los diputados que por primera vez fueron electos deben ser el factor que evite los vicios en que se ha ido incurriendo en las recientes y anteriores legislaturas. Legislar adecuadamente es mucho más difí­cil que caer en los vicios y en los errores, pero no es imposible, por ello los diputados no deben dedicarse a dar opiniones públicas, muchas de ellas innecesarias. Por ejemplo, en una entrevista reciente en televisión por cable un diputado al ser entrevistado cometió varios errores al referirse al proceso legislativo y administrativo, evidenciando inexperiencia.