He tenido la oportunidad de leer al menos tres propuestas, que calzadas con el título de esta entrega, pretenden precisamente, apuntalar cierto tipo de oportunidades que podríamos encontrar como país para salir airosos de la actual crisis económica mundial. El quid, estriba en la creatividad y empeño suficiente para echar a andar esas oportunidades a la vista. Se han de romper ciertos esquemas que cual paradigmas, han marcado el curso devenido que hoy nos tiene ante tal encrucijada.
Más allá de la cacareada frase de «cada obstáculo, una oportunidad», nuestras sociedades actuales atraviesan por una inusitada crisis de alcance global. No es el final del capitalismo ni nada que se le parezca. Pero sí es una sacudida generalizada cuyos impactos habrán de repercutir en muchos órdenes de manera simultánea.
Una de las propuestas leídas se refiere a las oportunidades que se presentan para Guatemala en el marco de un adecuado y vigoroso enfoque empresariado de la productividad de la población rural del país. El tema ofrece el rompimiento de aquellos esquemas ligados a una subsidiaridad que lamentablemente se han ido convirtiendo en el lastre del desarrollo integral. Que se ha transformado en una creciente dependencia.
La pobreza no es la causa del atraso. í‰sta es el efecto de un conjunto de políticas erróneas que han privilegiado el beneficio de unos pocos en detrimento de las mayorías. Pero el potencial del recurso humano, aun con sus limitaciones derivadas por ser «una mano de obra poco calificada», es de enorme alcance. China lo entendió hace casi tres décadas y la serie de saltos cualitativos emprendidos por ellos, son tan obvios que no podemos pasar desapercibidos tales logros.
Hoy vemos que la Unión Europea nos condiciona a negociar como istmo Centroamericano, no como el conjunto de naciones desvinculadas, sino como una región que se vea a sí misma con su propio potencial. Un potencial derivado de la unidad de la diversidad. Para Guatemala y su población tales características son más allá del desafío, un conjunto de oportunidades que nos pueden ofrecer nuevas conceptualizaciones del desarrollo y una auténtica vida digna para todos.
Ahora que nos encontramos a las puertas del cierre de un año más. Cuando se suelen hacer balances de logros, tropiezos, caídas y levantadas, metas cumplidas y por cumplir. Es conveniente que podamos ver y asimilar que hemos de encarar los desafíos que se nos están presentando con innovadoras y necesariamente más humanas concepciones del desarrollo, la justicia y equidad social.
Hacerlo de otra manera, es hacerlo como hemos venido reiterando aquellos errores que cual horrores no alcanzamos a dimensionar adecuadamente cuando, en principio, la Constitución Política nos señala que es obligación del Estado (es decir de todos nosotros) alcanzar el bien común. Que los Acuerdos de Paz, que el próximo lunes arribarán a los doce años de haberse suscrito, nos señalaban la necesidad de fortalecer la democracia participativa y que lamentablemente, nos hemos conformado con la democracia electoral, con todas sus aberraciones y deficiencias que hoy tienen sumida a la sociedad en su propio atascadero.
Sí. En estas fechas es propicio percatarnos que esta crisis es una oportunidad que debe tener un alcance extensible a todos los que habitamos este país. Y a todos sus hijos e hijas que han tenido que lanzarse a la aventura de conquistar sus propios sueños en suelos extranjeros. Estas fechas nos invitan a la reflexión. Los días son grises. El viento sopla helado y también nos hace buscar el calor del refugio familiar. El calor humano que hermana. Ojalá y nos lance de manera conjunta a conquistar nuestro futuro con justicia, pronta y cumplida. Tal el cimiento de una democracia que debe ser participativa y extensible a los ámbitos de la economía, la productividad, lo social y lo político propiamente dicho. Así sea… Feliz Navidad.