Las contradicciones, los hechos insólitos y las preguntas sin respuesta se han vuelto cosa común en el actuar de las autoridades constituidas en Guatemala. Día tras día la población guatemalteca se asombra al enterarse que un reo, en vez de estar adentro de la cárcel cumpliendo su condena, anda tranquilamente por las calles en vehículo blindado y hasta con guardaespaldas, disfrutando de un “permiso” especial concedido por las autoridades del centro penal, y sin haber salido todavía de su asombro, ese mismo pueblo observa cómo un vehículo de la Policía, encargado de vigilar que no se cometan delitos de ninguna especie, se detiene a platicar amigablemente con un expendedor e importador de gasolina de contrabando en depósitos plásticos.
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Si algún extranjero se entera de lo anterior podrá considerarlo increíble, insólito o inverosímil, a pesar que todavía falta el ingrediente final de la historia, pues cuando el hábil reportero aborda al actor principal inquiriéndole acerca de su comportamiento, responde con la más increíble de las mentiras dicha con la más absoluta de las desvergüenzas. Y pensar que el par de ejemplos antes citados resultan pálidos ante la corrupción imperante. “Aún hay más”, decía el presentador mejicano Raúl Velasco.
Y digo lo anterior porque cualquier cosa puede ocurrir en nuestros hospitales, en la construcción de una escuelita, no digamos en la colocación de asfalto a una carretera, aunque hay cosas que rompen todos los parámetros establecidos, como fue la adjudicación de la compra directa (porque no hubo otros “oferentes”) a un comerciante con capital registrado de Q2 mil, de un contrato por Q1.9 millones por la venta de 108 mil 978 libras de pollo. ¿Increíble, verdad? Pero la oficina pública que requirió de tan considerable cantidad de libras de pollo, no fue la cocina de algún hospital nacional o una dependencia con el fin específico de brindar asistencia social con alimentos a tanta población hambrienta o necesitada de nutrirse bien.
No, vaya usted a saber por qué, la entidad compradora fue la Secretaría de Asuntos Administrativos y de Seguridad de la Presidencia –SAAS– no para darle de comer a tanto guardia presidencial, guardaespaldas, motorista, guardián o agente de seguridad de la cada vez más grande cúpula que goza privilegiadamente de la misma, mientras el pueblo sigue siendo víctima de la implacable delincuencia común u organizada. ¿Del precio al que se adquirió el pollo? Olvídese, mientras usted estimado lector seguramente lo puede comprar muchísimo más barato al menudeo, el promedio por libra del pollo adquirido con la desconocida distribuidora o productora ascendió a Q15.85 la libra. Mientras todo esto acontece entre muros palaciegos, allá en el patio, siguen montándose cuantos espectáculos sean necesarios, a los que nunca faltan cámaras de televisión y fotográficas para dejar testimonio de que el Gobierno está aunando “esfuerzos conjuntos para establecer líneas interinstitucionales para combatir la corrupción”. ¿Eso no es haber llegado al cinismo?