Ian Paisley, hasta ahora el «Señor No» de la política norirlandesa, absolutamente intransigente con los católicos, se convirtió hoy a los 81 años en el nuevo primer ministro de una Irlanda del Norte en marcha hacia la reconciliación.
«Es un día especial, emprendemos un nuevo camino», declaró el martes en Belfast el ex apóstol del «no». «Emprendemos un camino que llevará a la paz y a la prosperidad», agregó, colocándose en la posición de consenso que exige su nueva función, y llamando a los norirlandeses a «aceptar el desafío».
Pocos habían anticipado esta evolución. Hombre de Dios y tribuna política, tan inflexible en su fe como en sus convicciones, Ian Richard Kyle Paisley, nacido el 6 de abril de 1926 en Armagh, dedicó su vida a la defensa de la causa protestante y al mantenimiento del Ulster en la órbita británica.
El anciano pastor del Partido Unionista Demócrata (DUP) no ha perdido sus dotes de orador, pero su gusto por el anatema y la invectiva se han diluido, una evolución quizás inevitable.
Paisley aceptó trabajar con sus enemigos de ayer y de dejar atrás un combate arcaico. Desde ahora dirige el gobierno norirlandés junto al viceprimer ministro Martin McGuinness, el número dos del Sinn Fein, ex teniente de su brazo armado, el Ejército Republicano Irlandés (IRA).
Ian Paisley pronunció su primer sermón a los 16 años. Fue ordenado cuatro años más tarde por su padre, un pastor Bautista. Defiende una lectura literal de la Biblia, y rechaza las interpretaciones teológicas del catolicismo.
En 1951 fundó en Belfast su propia Iglesia, la Iglesia presbiteriana libre. Se opone a la evolución de las costumbres. En los años 60, comienza a trabajar en la política, e inaugura el método de los desfiles masivos, donde arenga a sus fieles.
Un día bombardea con bolas de nieve al primer ministro irlandés. En 1968, pasa seis semanas en la cárcel. En 1970, es electo diputado en el Parlamento británico de Westminster -será también diputado europeo de 1979 a 2004- y funda el DUP un año más tarde.
A lo largo de los «Troubles», la violencia interconfesional que dejó 3.500 muertos entre 1969 y 1998, rechaza a los protestantes moderados denunciándolos como «traidores» y se niega a ver la menor diferencia entre el IRA y su brazo político Sinn Fein.
Rechaza una Irlanda unificada y en 1998 se opone de nuevo a los acuerdos del Viernes Santo, que ponen fin a 30 años de conflicto. La comunidad protestante le considera como el único que entiende sus frustraciones y angustia.
En 2003, las urnas le designan como jefe del primer partido unionista de la provincia. El desmantelamiento del arsenal del IRA en 2005, luego de la firma del acuerdo de Saint Andrews en 2006, para el restablecimiento de una Asamblea semiautónoma, le obligaban a cambiar su discurso.
El 26 de marzo de 2007, se sienta por primera vez a la misma mesa que el dirigente de Sinn Fein, Gerry Adams, con quien concluyó un acuerdo para compartir el poder.
La broma que circulaba por las calles de Belfast según la cual nunca volvió a decir «sí» tras su casamiento en 1956 ha perdido ahora vigencia.