“DE FRENTE CON EL PRESIDENTE”


Luis-Enrique-perez-2013

Poquísimas veces había discrepado con algunos amigos con quienes tenemos notables similitudes de pensamiento general sobre cuestiones políticas y económicas, como discrepé sobre una cuestión actual particular: la conveniencia o inconveniencia del programa oficial televisivo y radiofónico denominado “De frente con el presidente”. Mi opinión fue que el programa es conveniente. No lamenté la discrepancia, como si estuviera prohibida, sino que me propuse fundamentarla.

Luis Enrique Pérez


Creo que el programa es propicio para generar cuatro beneficios principales. El primer beneficio es que el Presidente de la República pueda comunicarse con los ciudadanos para que él mismo esté enterado de la opinión de ellos sobre asuntos públicos que conciernen al Organismo Ejecutivo, y sobre el modo como él está gobernando. Esa comunicación puede ser tan valiosa como puede serlo una honesta encuesta de opinión pública. Por lo menos puede ser un precioso complemento.

El segundo beneficio es que el Presidente de la República pueda comunicarse con los ciudadanos para obtener información sobre el modo como concretamente (en una aldea, en un municipio, o en un departamento) es ejercido el poder ejecutivo del Estado. Es información que el Presidente de la República no podría obtener de los funcionarios gubernamentales que colaboran directamente con él, ya porque no poseen esa información, ya porque la poseen pero la ocultan en favor de su propio interés privado.

El tercer beneficio es evitar el hermético y peligroso claustro en que algunos asesores intentan recluir al Presidente de la República. Es decir, este tercer beneficio consiste en que el gobernante puede escapar de la influencia de aquellos asesores cuyo interés dominante es, no la recomendación más acertada inspirada en la lealtad, sino el halago más lucrativo engendrado por la hipocresía.

El cuarto beneficio, que es una consecuencia de los otros, es incrementar la probabilidad de decidir más eficazmente sobre los asuntos públicos y sobre el modo de gobernar. Por ejemplo, si cuando los asesores del presidente Pérez Molina le presentaron un proyecto de reforma tributaria y un proyecto de reforma constitucional, él hubiera podido comunicarse con los ciudadanos, para que opinaran sobre ambos proyectos, probablemente habría propuesto una mejor reforma tributaria y también una mejor reforma constitucional; o se habría abstenido de proponer ambas reformas.

El tiempo que el Presidente de la República pueda dedicar a comunicarse con el ciudadano, ya para conocer su opinión sobre asuntos públicos y el modo como él gobierna, ya para obtener de ellos información sobre el modo como concretamente se ejerce el poder ejecutivo, es tiempo invertido para el bien de los gobernados. Aludo a una comunicación con cualquier ciudadano, y no preferentemente con aquel que dirige organizaciones políticas o ideológicas que pretenden tener la abusiva exclusividad de las mejores propuestas sobre asuntos públicos, y también la legítima representación popular, aunque sus propuestas sean las peores concebibles, y solo representen a ellos mismos y a sus ocultos patrocinadores financieros.

El programa es valioso en función del grado en que propicie una comunicación realista, sincera, libre y recíprocamente respetuosa entre el ciudadano y el Presidente de la República. Por supuesto, no se pretende que el gobernante se dedique a procurar esa comunicación. Se pretende que le asigne el tiempo necesario para que ella pueda contribuir a incrementar la eficacia de las decisiones presidenciales. Cualquier Presidente de la República debería procurar esa comunicación, independientemente del medio para procurarla.

Post scriptum. Oficialmente se me ha informado que “De frente con el presidente” no tiene costo de transmisión televisiva o radiofónica.