¿De dónde son los europeos?


La evolución de las sociedades europeas deberá ser repensada, luego del descubrimiento de un homí­nido que presentarí­a otros orí­genes de las migraciones.

El hallazgo en España de los restos de un homí­nido de entre mil cien y mil doscientos millones de años de antigí¼edad, un descendiente de los «inmigrantes» del Este que pudo ser el primer europeo occidental, ha planteado nuevas dudas sobre la ocupación humana en el Viejo Continente.


Este descubrimiento, del que hace eco la revista británica Nature en su último número, fue realizado en la gruta de Sima del Elefante de la Sierra de Atapuerca, cerca de Burgos (noreste de España).

Con él se abre un nuevo episodio de un verdadero culebrón, que demuestra la complejidad de la evolución del hombre y, en particular, de la de los habitantes de la Eurasia prehistórica.

Para el equipo hispano-estadounidense responsable del hallazgo, estos fósiles – una mandí­bula parcial y un premolar inferior pertenecientes al mismo individuo – constituyen los restos más antiguos jamás identificados que testimonian la primera ocupación humana de Europa occidental.

Fueron descubiertos cerca de unas herramientas de piedra y de restos óseos de animales que contribuyeron a su datación.

Eudald Carbonell y sus colegas, del Instituto Catalán de Paleoecologí­a Humana y Evolución Social (IPHES), atribuyen estos restos a un «homo antecesor» u hombre de Atapuerca, cuyos primeros fósiles, de 800 mil años de antigí¼edad, fueron descubiertos a partir de 1994 en cuevas vecinas.

Los nuevos elementos sumados a los resultados de las investigaciones precedentes en Atapuerca sugieren «que tuvo lugar una especiación (formación de una especie) en el Paleolí­tico Inferior, en esta zona de la extremidad (occidental) del continente eurasiático».

Esta nueva especie de homí­nidos se deberí­a a la llegada a la pení­nsula Ibérica de una población originaria del Este, constituida por descendientes pertenecientes a la primera expansión demográfica procedente de ífrica, ví­a quizás Oriente Medio o el Cáucaso.

Es en esta última región donde se hallaron recientemente, en Dmanissi (Georgia), los primeros humanos «no africanos», datados de cerca de 1.800 millones de años de antigí¼edad. Presentaban caracterí­sticas primitivas y a la vez desarrolladas.

Curiosamente, su anatomí­a recuerda tanto a los primeros representantes del homo, los homo habilis (aparecidos en ífrica del Este hace 2.400 millones de años), como a los considerados sus descendientes, los homo erectus, aparecidos hace unos 1.700 millones de años.

Pero esta teorí­a de la «descendencia» entre el habilis y el erectus ha quedado en entredicho con un reciente estudio que apunta a que ambos convivieron en Kenia durante al menos una parte de su existencia.

Pese a los diferentes grados de evolución anatómica, ambas especies descenderí­an, según esa investigación, de un antepasado común.

Paralelamente, las teorí­as de la progresión del hombre del Neandertal también se han tambaleado en los últimos tiempos.

Considerado tradicionalmente como el habitante caracterí­stico de la Europa glacial que jamás fue más allá de Oriente Medio ni de Asia Occidental, ahora sus restos han aparecido en Siberia, es decir, a 2 mil km al este de la lí­nea que se suponí­a que no habí­a franqueado durante su existencia.

Este hombre del Neandertal y el hombre moderno podrí­an, según algunos cientí­ficos, ser los descendientes de los «españoles» de Atapuerca, cuyos restos más antiguos acaban de ser descubiertos cerca de Burgos.

Esta nueva especie de homí­nidos se deberí­a a la llegada a la pení­nsula Ibérica de una población originaria del Este, constituida por descendientes pertenecientes a la primera expansión demográfica procedente de ífrica, ví­a quizás Oriente Medio o el Cáucaso.