De directores de orquesta: Arturo Toscanini IV


Este viernes seguimos con el homenaje al gran director de orquesta sinfónica Arturo Toscanini en conmemoración del cincuentenario de su muerte (1957-2007). Sirvan estas lí­neas como tributo de devoción a Casiopea, esposa dorada, camino de eternidad, flor horaria que crece eterna en el centro de mi alma, suave lucero élfico que brilla en nuestra casa-ancla. Campanada de estrellas que se hunde en mi vida cotidiana cual raí­z de sauce.

Celso Lara

Se dice que este novicio en el arte de dirigir la orquesta actuó de director en nada menos que dieciocho óperas, aquella casualidad, que podemos llamar destino, allanó el camino a un talento elemental. En beneficio del director de orquesta se presentó la ópera Fausto de Charles Gounod. Don Pedro, el emperador del Brasil, enví­a a Toscanini un valioso regalo; de esto también se informa en su patria Italia.

Para más tarde sabemos qué óperas eran: Aí­da y Fausto bajo la dirección de Toscanini? un soplo de aquello debe de haberse percibido ya por ese entonces. Carlo Ciampelli recuerda que Toscanini volvió a actuar una vez de violoncelista en el conjunto orquestal con ocasión del estreno de Otelo, de Verdi, en la Scala, en 1887. Fue un homenaje que el músico Arturo Toscanini, director de orquesta, muy estimado rindió a Verdi, a quien veneró durante toda su vida, y que tení­a a la sazón 75 años, siendo un semidiós en las esferas de la ópera.

Por entonces, volvemos a encontrar a Arturo Toscanini en Turí­n, donde actúa como director de orquesta. Esa ciudad, será en lo sucesivo el lugar adonde él volverá siempre. Toscanini es entonces director de orquesta de compañí­as ambulantes, que son el tipo corriente en la Italia de aquellos años y que siguen siéndolo hasta nuestros dí­as. No obstante estas compañí­as llegan hasta las más pequeñas de las cien ciudades del paí­s.

Mucha luz intensa, demasiado clara, va a ser arrojada sobre el melodrama de la ópera italiana y la historia de la ópera en general. Y con todo ese siglo XIX, que desde Italia dio al mundo obras, desde los napolitanos posteriores, a través de Cherubini, Rossini, Bellini y Donizetti, hasta Verdi y el joven Puccini sin contar con los numerosos y grandes artistas de segunda fila, no merece el menosprecio.

Sigue a los tiempos gloriosos de la música italiana con el derecho de la historia variable no obstante Wagner y más tarde la música moderna, desorientó a muchos. ¡Como si en el arte lo uno tuviera que ser contrario a lo otro! ¿Cómo puede compararse Juan van Eyck con Fideas? Debeí­s ? en palabras de Goethe ? olvidar uno por amor de otro. Olvidar por un momento?, no dejar hundirse. Hay modas en el arte, y hay que admitirlas. Pero las grandes obras tienen y siguen teniendo su razón de ser, a pesar de las consignas de las distintas épocas y de los tópicos. Cuando parece que la han perdido, la recuperan.