De cómo la violencia de género se apodera de un barrio


El informe detalla cómo va tejiéndose la violencia contra la mujer en esa pequeña comunidad capitalina y el nivel de abandono del Estado. JOSí‰ OROZCO

Un grupo de mujeres entre 22 y 60 años de edad, amas de casa, con bajos niveles de escolaridad y escasos recursos económicos y residentes de la colonia El Incienso, comparten algo en común: han vivido cara a cara la violencia de género durante mucho tiempo de sus vidas, pero buscan dar un giro a su historia.

Gerson Ortiz
gortiz@lahora.com.gt

Según la Agencia Española de Cooperación (AECID), el riesgo del incremento en femicidios es más latente para las mujeres más jóvenes

Marta, Marí­a y Susana* contemplan fijamente y bastante abstraí­das las gotas de lluvia que caen sobre las plantas que cuelgan de un balcón vecino. Desde hace muchos años han vivido en la colonia El Incienso, en donde han enfrentado la violencia cara a cara.

Sus testimonios quedaron registrados en el estudio denominado: «Violencia de Género y Residencia en El Incienso», presentado el jueves último por su realizadora, la psicóloga Ana Izabel Ortiz.

«Hoy, Marta, Marí­a y Susana son conscientes de sus derechos y se han reconocido dentro de los cí­rculos de violencia que se crean desde la familia hasta el matrimonio en sociedades como las nuestras». «Esa conciencia las hará cambiar su panorama», según expertas.

El informe detalla cómo va tejiéndose la violencia contra la mujer en esa pequeña comunidad capitalina y el nivel de abandono del Estado en ese sector tanto para prevenir como para erradicar ese fenómeno, al tiempo que plantea la necesidad del empoderamiento del sector femenino en ese barrio.

Para la realización de ese estudio se tomaron los testimonios de mujeres entre los 22 y los 60 años de edad residentes de la colonia El Incienso. Todas son amas de casa y seis tení­an pareja al momento de las entrevistas.

Otras de las caracterí­sticas fueron que sólo una de ellas, la más joven, tuvo la oportunidad de completar el nivel diversificado. Dos más culminaron el ciclo básico, tres el nivel primario y las demás estudiaron únicamente los primeros años de la primaria.

Según la Agencia Española de Cooperación (AECID), el riesgo del incremento en femicidios es más latente para las mujeres más jóvenes «con menos experiencia y menos conocimiento para buscar ayuda», además, el informe del Consejo de Ministras de la Mujer de Centroamérica (COMMCA), presentado en febrero último, detalla que esos crí­menes «se cometen más en lugares públicos, por redes y grupos organizados» y que «la impunidad alimenta este crimen». (Lea Alerta Regional).

«Los testimonios de vida legitiman ética y polí­ticamente formas múltiples de pensar, desear, actuar y decir sobre nuestra condición de ser mujer.

Desde el punto de vista ético, el testimonio significa el respeto por las experiencias vividas, la solidaridad hacia aquellas mujeres que se animan a compartir su historia y denuncian cada sufrimiento y sus resistencias.

El acto de testimoniar presupone entonces, credibilidad de la realidad y concienciar que la historia de una, puede ser la de muchas mujeres», cita en su introducción el informe.

CON VOZ PROPIA

Los testimonios de las entrevistadas relatan cómo la violencia contra el género ha ido penetrando el tejido social de esa comunidad pequeña, desde lo familiar, pasando por lo psicológico y hasta llegar a lo sexual.

Una de las entrevistada narró: «Mi papá decí­a: ustedes son mujeres, son las de la limpieza, en cambio ellos son varones, son para trabajar. Y así­ me quedé con esa mentalidad, que la mujer era la que hací­a la limpieza y el hombre era el que trabajaba».

Posteriormente, cuando otra de las entrevistadas tuvo una pareja contó: «Al principio, era bien calidad y después me pegaba y bien fuerte. Un dí­a una comadre de él, le dijo que yo andaba con un chavo, como yo trabajaba en un almacén y me fue a traer, ese dí­a me iba a matar. Con un envase quebrado, me agarró del pelo y me dijo: ¿te querés morir hija de la gran…? Delante de más personas, me pegaba en la cara».

«El esposo de una mi tí­a que hoy por hoy él es cristiano, (…) ese señor intentó violarme, no entendí­a lo que él querí­a o pretendí­a hacer, pero a mí­ me daba miedo porque él llegaba bolo a la casa», narró otra entrevistada sobre la violencia sexual.

TEJIENDO VIOLENCIA

La psicóloga Ana Izabel Ortiz comenta respecto al estudio: «fue inevitable el vuelco a entender el fenómeno como una problemática eminentemente social sin perder la mira de encontrar propuestas a trabajar desde la psicologí­a, pero también a quienes no les interesa hacerlo desde ella».

Ortiz considera importante el abordar la violencia de género como un estudio en el paí­s, debido a que Guatemala, al igual que otros paí­ses de América Latina, cuenta con altos í­ndices de violencia en todas sus manifestaciones sociales.

«Debido a que el género es una construcción social, es necesario conocer este fenómeno para poder criticar y proponer acciones que permitan cambios en dichas construcciones hasta hace poco legitimadas», explica.

La profesional añade que aun, luego de la aprobación de la Ley contra el femicidio y otras formas de violencia contra la mujer existen personas e instituciones que se consideran ajenas a esta problemática y que en comunidades «marginadas», más del 90 por ciento de las mujeres viven en condiciones cotidianas de violencia, las cuales se reproducen por generaciones.

Finalmente, al preguntarle sobre si hubo cambios en la comunidad tras el estudio, Ortiz respondió: «Mentirí­a si digo que el cambio es notorio, sin embargo, valoro la reflexión que llevaron a cabo las mujeres entrevistadas, ya que el haber propiciado el espacio para expresarse habilitó la posibilidad de repensarse y lograr ciertos cambios en las prácticas cotidianas».

«Creo que estos cambios se logran paulatinamente; las afectadas aceptaron participar en talleres relativos al tema de violencia, lo cual es un avance», enfatizó.

SIN PREVENCIí“N Hilda Morales, integrante de la Red de la No Violencia Contra la Mujer, califica de importante el hecho que se realicen diferentes estudios y análisis en comunidades pequeñas del paí­s ya que esto permitirá ir identificando la violencia de género en cualquier lugar y en diferentes dimensiones.

«Eso permite que haya una incursión de parte de las organizaciones sociales y del mismo Estado a través de mecanismos que la mujer pueda ir asumiendo como medidas de carácter polí­tico para que reconozcan sus derechos y se vaya cambiando la actitud de los hombres», comenta.

La entrevistada habló del programa denominado «Territorios libres de violencia contra la mujer», a través del cual se coordinaron acciones para ilustrar las situaciones que sufren las mujeres, la violencia, exclusión y doblegación de parte de los hombres, indicó.

Sin embargo, Morales aclara que la violencia de género se da en cualquier lugar sin importar el nivel social, económico o cultural porque es un fenómeno de carácter estructural: «se trata de un sistema que existe desde muchos siglos, en el que hay preponderancia de parte de los hombres hacia las mujeres y es fundamental saber que la violencia no es normal, que se tiene que cambiar».

La experta en ese tema añade que la presencia del Estado en comunidades como la aludida es nula y que ello tiene efectos nefastos porque las mujeres no tienen a quién acudir. Además, considera que desde la aprobación de la Ley contra el femicidio y otras formas de violencia el mayor logro ha sido identificar el problema.

«La prevención y la divulgación de los delitos cometidos en contra de las mujeres es un gran faltante en Guatemala y es parte de la nula presencia del Estado en esa materia; en otros paí­ses, por ejemplo, ya se hacen campañas masivas para sensibilizar a la población y darle a conocer dónde existen los servicios, mientras en Guatemala no existen campañas de ese tipo», criticó Morales.

*Nombres ficticios

«Es necesario conocer este fenómeno para poder criticar y proponer acciones que permitan cambios en dichas construcciones hasta hace poco legitimadas», Ana Isabel Ortiz

Psicóloga

«La prevención y la divulgación de los delitos cometidos en contra de las mujeres es un gran faltante en Guatemala y es parte de la nula presencia del Estado en esa materia; en otros paí­ses, por ejemplo, ya se hacen campañas masivas para sensibilizar a la población y darle a conocer dónde existen los servicios, mientras en Guatemala no existen».

Hilda Morales

Red de la No Violencia Contra la Mujer.

«Un dí­a una comadre de él, le dijo que yo andaba con un chavo, como yo trabajaba en un almacén y me fue a traer, ese dí­a me iba a matar. Con un envase quebrado, me agarró del pelo y me dijo: ¿te querés morir hija de la gran…?»

Ví­ctima de violencia.

ALERTA REGIONAL


En febrero último, el COMMCA, adscrito al Sistema de Integración Centroamericana y especializado en temas de género, decretó a través de un informe regional que tanto el femicidio como la trata de personas son dos fenómenos en alza de violencia contra las mujeres en los paí­ses de centroamericanos.

Ese estudio detalló que Guatemala es el paí­s más afectado, con más de cinco mil casos entre 2000 y 2009, seguida sólo por Honduras, El Salvador y República Dominicana. Según el COMMCA, en toda la región el número de femicidios se duplicó entre 2003 y 2009.

La AECID, quien colaboró en ese informe, refirió que existe un contexto de incremento de homicidios en los últimos años, pero apuntó que los crí­menes contra mujeres crecen con más rapidez, ya que entre 2003 y 2007, el número de asesinatos de hombres aumentó un 50%, mientras que el de mujeres en un 160%.

ACCIONES

Según las estadí­sticas del Centro Nacional de Análisis y Documentación Judicial, de enero a septiembre del año recién pasado, los juzgados del paí­s recibieron un total de siete mil 728 procesos por el delito de violencia contra la mujer.

A criterio de César Barrientos, magistrado presidente de la Cámara Penal, las estadí­sticas para este año no distan mucho de las de los doce meses anteriores. En ese marco, la próxima semana iniciarán sus labores los Juzgados de Competencia especí­fica para femicidios.

El año pasado se emitieron un total de seis sentencias condenatorias por el delito de femicidio, 30 condenatorias por violencia contra la mujer y siete absolutorias por el mismo delito. En total ingresaron 74 procesos por femicidio, 10 mil 808 por violencia y 277 casos de violencia económica.

Las judicaturas especí­ficas para ese delito funcionarán en Guatemala, Quetzaltenango y Chiquimula. Barrientos comentó que estas instancias son un gran avance para la justicia en esa materia y que se trata de un esfuerzo conjunto del poder judicial.